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domingo, 14 de diciembre de 2014

La orchilla, un liquen para la Historia de Lanzarote

La orchilla es un liquen de la familia de las Roccellaceae que tiene una sustancia denominada orceína, de la cual se obtiene el color púrpura que históricamente se empleó en la industria tintórea. Aunque existen numerosas variedades, la más abundante en Lanzarote es Roccella tinctoria.

Crece de manera especial en los riscos costeros orientados a los vientos alisios, los cuales, procedentes del mar, le aportan las sales necesarias para su desarrollo. El Risco de Famara o los Islotes del norte han sido zonas tradicionalmente ricas en orchilla, aunque también aparece en otros lugares de Lanzarote.



Orchilla en el Risco de Famara




Orchilla y otros líquenes cerca de Peña Jendía, en Órzola


La orchilla en la Historia de Lanzarote

Desde la Antigüedad, el color púrpura fue considerado un signo de distinción de los poderes políticos y eclesiásticos, siendo usado en ropajes, alfombras, cortinas o reclinatorios. Algunos historiadores sostienen que los fenicios, una vez sobreexplotado el molusco del género Múrex del que extraían el tinte púrpura en el Mediterráneo, habrían llegado hasta Lanzarote y Fuerteventura en busca de orchilla. Otros investigadores consideran que fueron los romanos quienes colonizaron y poblaron las islas con el objetivo de comercializar la orchilla, identificando así a nuestro archipiélago con las Islas Purpurarias de Plinio.

A lo largo del siglo XIV, cuando Canarias es "redescubierta" por lo europeos, visitan la isla numerosos navegantes (especialmente mallorquines), que vienen a comerciar con los aborígenes (majos), a los que les ofrecen baratijas y alimentos a cambio de orchilla, la cual va adquiriendo buena fama en Europa debido a su alta calidad. Tanto es así que, para muchos estudiosos, uno de los principales motivos por los que Jean de Bethencourt emprendería la conquista de Canarias habría sido precisamente el hacerse con el comercio de la orchilla, pues el normando era dueño de Grainville-la-Teinturière, un feudo donde poseía numerosas fábricas dedicadas a la industria tintórea. No en vano, una de las primeras medidas que tomó Bethencourt una vez se hizo con las islas fue reservarse su exclusivo provecho, tal y como se cita en "Le Canarien"la crónica de la Conquista:
En lo que respecta a la orchilla que nadie ose venderla sin el permiso del rey y señor del país. Es una grana que le puede producir grandes ganancias.

Poco tiempo después, también la Iglesia comienza a exigir el diezmo sobre el liquen, lo que provocó el descontento entre la población, que en 1475 se rebela contra los señores de Lanzarote, Inés Peraza y Diego García de Herrera, alegando, entre otras cosas, que 
Nos toman nuestras orchillas, que siempre tratamos y cogimos nosotros como cosa nuestra y la vendíamos a cualquier persona que queríamos pagando a los Señores su quinto. De la cual orchilla éramos reparados para nuestros proveimientos y mantenimientos de nosotros y de nuestras mujeres e hijos. Y ahora los dichos Señores nos la quitan y atribuyen para sí. 
Este levantamiento terminó con el ahorcamiento de los cabecillas, cuyos cuerpos fueron arrojados al Barranco de la Horca de Teguise, que desde entonces recibe esta denominación. El monopolio de los Señores de la isla sobre la orchilla duró hasta la abolición de los señoríos por Decreto de 1811.

A pesar de ello, este liquen fue uno de los principales productos de exportación de Lanzarote hasta el siglo XIX, cuando el descubrimiento de tintes artificiales y la sustitución de la orchilla por otros productos como la barrilla y posteriormente la cochinilla hacen que vaya entrando en decadencia. No obstante, hasta la primera mitad del siglo XX continuará su recolección como una actividad complementaria y marginal, realizada por campesinos fundamentalmente.

Obtención del tinte

Para extraer el tinte era necesario lavar y secar la orchilla, molerla y mezclarla con orina disuelta en agua, a la que se le añadía potasa sosa y se cerraba herméticamente, abriéndose de vez en cuando durante varios días, hasta obtener una pasta color purpúreo. Con la orchilla se podían teñir fibras de origen animal como la seda o la lana, pero el color no era permanente, si bien es cierto que en tiempos pasados el lavado de las prendas no era frecuente.

Curiosamente, en Canarias no existe constancia del tratamiento tintóreo de la orchilla, pues la actividad se limitaba a su recogida y exportación, importándose posteriormente las telas ya teñidas.

Los orchilleros

La sobreexplotación y mala recolección de la orchilla (en muchas ocasiones era arrancada de raíz, impidiendo que volviera a crecer), hizo que este liquen quedara reducido a los espacios más inaccesibles, como el Risco de Famara, lo que complicaba tremendamente el trabajo de los orchilleros, que debían quedarse colgados sobre una especie de columpio de escasa fiabilidad. Sabino Berthelot lo describía así:
Suspendido sobre los abismos desafiaba los mayores riesgos para obtener la orchilla, ese preciado liquen tan buscado en Canarias. Los peligros a que se exponen nuestros enjabelgadores no pueden comparársele. La cuerda de los orchilleros no tiene nudos, sus piernas no son retenidas por ningún gancho, y una simple tabla los mantiene en equilibrio. Sentados sobre ese débil soporte, se impulsan, apoyando los pies contra los ribazos de los barrancos, para voltearse de un lado a otro. De esa forma se aseguran a los salientes de las rocas. Se fijan a los sitios que quieren explorar por medio de un corto bastón corvo. Cuando las anfractuosidades de la montaña hacen inútil el empleo de la cuerda, entonces emplean la lanza de los guanches: de una ojeada eligen el punto de apoyo y salvan todos los resaltes.


Ilustración sobre la recolección de la orchilla en
Lanzarote que aparece en el mapa de
Bernardino Lorente en 1772
Dibujo de un orchillero realizado por Alfred
Diston a comienzos del siglo XIX


El geólogo español Hernández Pacheco también expresó en su libro "Por los campos de lava" (1907) su asombro ante las dificultades que afrontaban los orchilleros:
Era principalmente en las grietas del acantilado (de Famara) donde se hacía la mayor cosecha del preciado liquen que vegeta sólo a alturas superiores a los 300 m. A riesgo de caer al precipicio, hombres y mujeres, especialmente las últimas, buscaban entre las quiebras y salientes del altísimo paredón la tintórea planta, suspendiéndose en lo alto del risco en un palo en forma de trapecio, pendientes de una cuerda, para buscar la preciada hierba en las concavidades inaccesibles de la muralla, cual arañas colgadas de tenues hilos.
Orchillero recogiendo orchilla en un risco,
según litografía de Lassalle en 1837


Como podemos leer de esta cita, la recolección de orchilla no fue un oficio exclusivamente masculino; de hecho, muchas mujeres e incluso niños recogían orchilla con la que ganar algo de dinero para complementar la escasa economía familiar. El escritor lanzaroteño Ángel Guerra dedicó en 1920 un cuento a las mujeres que se dedicaban a recoger este liquen en el risco de Famara, llamado "Las Paces":
Así, con riesgo siempre, afanábanse en coger orchilla las mujeres todo el día. Las que criaban, y eran las más, pues para el rudo oficio se necesitaba agilidad juvenil, dejaban arriba, á poca distancia del cantil, los niños medio abandonados, á la custodia de los perros, en cunas improvisadas en hoyos abiertos en la tierra, en cuyo fondo colocaban una azalea (...).
Puede consultarse completo en: Las paces


El investigador Ricardo Reguera, en su libro "Las indumentarias y los textiles de Lanzarote", recoge los versos que unas gracioseras cantaron a una mujer que se encontraba recogiendo orchilla en las peñas de Tao, en Órzola:

Orchillera oficio puto
quién la usa menos tiene
y quien la viene a coger
hasta la vergüenza pierde.

A lo que ella respondió:
Marinera soletina (por usar soletas)
que andas de playa en playa
engordando las sardinas
con la mierda que ‘ustés’ cagan.

Estas palabras nos indican que el trabajo de orchillera continuó vigente hasta las primeras décadas del siglo XX, aunque considerado entonces como una actividad marginal y mal vista.




En definitiva, la orchilla fue, al igual que la barrilla o la cochinilla, un producto natural de primer orden en la economía lanzaroteña, que pudo subsistir como tal a lo largo de la historia gracias al esfuerzo anónimo de unos hombres y mujeres que se jugaron sus vidas a cambio de casi nada. 


Fuentes:
- PALLARÉS PADILLA, Agustín: Tres productos históricos en la economía de Lanzarote: la orchilla, la barrilla y la cochinilla, Academia de Ciencias e Ingenierías de Lanzarote, Arrecife, 2004.
- REGUERA RAMÍREZ, Ricardo: Las indumentarias y los textiles de Lanzarote, Gobierno de Canarias, 2006.
- HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Germán: La orchilla en Canarias. Implicaciones socioeconómicas, Tesis doctoral de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 2004.
- GONZÁLEZ PÉREZ, Manuel e HIDALGO SANTANA, Fernando: "Los tintes naturales en Canarias", Agricultura: Revista agropecuaria, 1992.
- HERNÁNDEZ PACHECO, Eduardo: Por los campos de lava, Fundación César Manrique, Lanzarote.


lunes, 29 de julio de 2013

La Cueva de Ana Viciosa

"Cueva" y "piratería" han sido dos elementos muy recurrentes en la historia y la mitología de la isla de Lanzarote. El caso más conocido por todos es, sin duda, el de la Cueva de los Verdes. Sin embargo, en la costa de Tinajo otra cueva encierra un mundo de leyendas igualmente apasionante aunque quizá más desconocido: La Cueva de Ana Viciosa.

Descripción del entorno y la cueva

Vista panorámica de la costa de Tinajo, con el caserío de La Laja del
Sol en el centro de la imagen y Montaña Bermeja al fondo.
La llegada hasta este mágico lugar puede realizarse desde el pueblo de La Santa, a través de una vereda que transcurre por una zona de malpaís y que casi siempre resulta amenizada por la banda sonora del embravecido mar de Tinajo. Después de dejar atrás Montaña Bermeja y, más adelante, el pequeño caserío de La Laja del Sol, nos encontramos con un acantilado en el que, si realizamos un gran esfuerzo visual, podremos divisar unas pequeñas manchas blancas que la delatan: estamos ante la cueva de Ana Viciosa.

Se trata de una grieta natural suspendida a unos 12 metros de altura, perfectamente mimetizada y apenas perceptible, que presenta una muralla de piedra y cal que la protege. La primera impresión, una vez localizada, es de incredulidad: ¿cómo pudo construirse esa fortaleza y cómo podían acceder a ella? Estos interrogantes parecen tener su respuesta en la acción de la erosión del mar, que habría destruido unas grandes piedras que servirían de acceso desde la costa. También se cree que puedo haber contado con un acceso desde la meseta superior donde se encuentra, pero que en algún momento esta entrada habría quedado taponada. Lo cierto es que, al menos desde el siglo XIX, su acceso es sumamente complejo y peligroso.

Acantilado donde se encuentra la Cueva, señalada
con un círculo rojo
 René Verneau, antropólogo francés que visitó las islas en la década de 1880, no quiso perder la oportunidad de visitar esta legendaria cueva. Después de un largo camino de más de dos horas desde Tinajo, y tras sopesar diversas estrategias, manda buscar escaleras que ataría para acceder hasta ella. La aventura, sin embargo, a punto estuvo de costarle la vida, tal y como él mismo cuenta en su libro "Cinco años de estancia en las Islas Canarias":    No describiré todas las tentativas infructuosas que hicimos para izar, a lo largo de los peñones, esta escalera de más de 16 metros de largo. Iba a renunciar cuando me llegó un refuerzo. De todas partes vinieron curiosos. Con su ayuda, la escalera fue puesta en su sitio. Su extremo llegaba a unos 50 centímetros de la entrada de la cueva. (...) Cuando me encontraba en el centro, el balanceo era tan fuerte que tuve que subir con muchas precauciones, evitando inclinarme a un lado o a otro. Oía la conversación de la gente: "Apuesto -decía uno- que va a descender". "Se va a matar", decía otro. La mayoría pensaba que para llegar hasta lo alto hacía falta tener un poderío sobrenatural. Sin embargo, llegué hasta la cima. Una vez en el último peldaño me fue fácil penetrar en el interior. Verneau había realizado este sobreesfuerzo con la esperanza de hallar en su interior vestigios de los majos, antiguos pobladores de Lanzarote, pues ésa era la misión de su expedición a las islas. El resultado en este sentido fue, para él, decepcionante, pues lo que halló en el interior nada tenía que ver con esta población: Un pasillo estrecho daba acceso, después de varias vueltas, a una cueva amplia, baja y muy oscura. Encontré fragmentos de pino resinoso, medio carbonizados, que habían servido de antorchas y que también utilicé de esta forma. Con ellas me fue posible examinar toda la vivienda. Contenía gruesos guijarros amontonados en varios sitios, tablas y círculos procedentes de toneles pequeños. Había estado, pues, habitada en una época reciente. Por otro lado, la construcción del muro de la fachada, que se compone de piedras cimentadas con cal, y las especies de troneras que allí existen, demuestran claramente que esta pared no es obra de antiguos insulares.
Grabado de Verneau representando su ascenso a la cueva

Después de Verneau, más investigadores, espeleólogos y curiosos la han visitado, casi siempre empleando el mismo sistema de escaleras unidas. Con el testimonio de todos ellos, podemos describir la cueva como un espacio fortificado con muro exterior de sillares unidos con cal y pequeñas troneras que servirían para observar y ventilar el espacio. En el interior, un pasillo de entrada y varias habitaciones a los lados, una de ellas de mayores dimensiones, y un suelo cubierto de estiércol de paloma y provisto de callaos -los "guijarros" de Verneau- con los que defenderse en caso de ataque. Según contaba Agustín de la Hoz, en los años cincuenta algunos campesinos habrían logrado acceder hasta ella para llevarse este estiércol, encontrándose objetos de valor como cucharillas de plata y oro y monedas acuñadas.

Se sabe que esta cueva fue usada, al igual que la Cueva de los Verdes, como refugio-fortaleza, pues ofrecía, además, y a pesar de la dureza del mar en la zona, la posibilidad de salir por la costa. La propia esposa e hija del Marqués de Herrera se refugiaron aquí en 1586 durante el ataque de Morato Arráez, aunque fueron encontradas, capturadas y llevadas a Argel, desde donde fueron devueltas a cambio de un buen botín.

Una vez conocido el lugar y su función defensiva, ahora nos queda otra incógnita: ¿quién fue Ana Viciosa y qué leyendas alberga esta cueva?

Ana Viciosa

Ana Viciosa fue una mujer muy poderosa del Lanzarote de finales del siglo XVI y principios del
XVII. Nieta de morisca, era sobrina de Agustín de Herrera -señor de la isla- y esposa del gobernador Juan de León Munguía, que murió luchando contra piratas franceses al mando del capitán Testu-La Motte en 1581. Al fallecer éste siendo ella muy joven, heredó las tierras del actual municipio de Tinajo y también el islote de Montaña Clara, muy rico en orchilla. Mujer de fuerte carácter, compró numerosos esclavos moriscos a los señores de Herrera, con los que fue creando muchos de
Vista del acantilados donde se encuentra la cueva
los pueblos que en el siglo XVIII quedarían sepultados por la erupción de Timanfaya.

Debido a los constantes ataques piráticos que azotaban la isla de Lanzarote por esa época, y ante la escasa capacidad de respuesta que ofrecían los señores ante este problema, decide emprender por sí misma la defensa de sus tierras, colocando vigías por la costa de Tinajo y en la montaña de Tenésar. Cuenta la leyenda que subía hasta su cueva y, si los piratas la asediaban, ella se defendía como un auténtico capitán.

No obstante, esta cueva es más célebre por otros motivos. Así, la tradición oral recuerda que Ana Viciosa era también una mujer muy bella y liberal, y que empleaba este lugar recóndito para mantener relaciones con jóvenes apuestos, algunos de ellos esclavos suyos a los que, a cambio, ofrecería su libertad.

Cabeza de Perro

Bajo este seudónimo se esconde "Ángel García", un pirata tinerfeño de rostro deforme muy conocido por sus ataques en el Caribe y por su extrema crueldad. Según cuenta la tradición, se enamoró de una joven pastora de Tinajo con la que prometió casarse y con la que se encontraba en esta cueva tres veces al año, hasta que fue capturado y ajusticiado, y ella, rota de dolor, acabó suicidándose. Existe la creencia de que este pirata dejó bajo el mar, en algún lugar cercano a Tenésar, un tesoro escondido. Así, marineros de la zona dicen haber visto una argolla de bronce de más de una tonelada de peso.

Algunos, como el escritor Leandro Perdomo, han querido ver en esta joven a la propia Ana Viciosa, y afirman que tres noches al año pueden oírse sus gritos de lamento por la pérdida del ser amado, mientras que, para los más escépticos, estos llantos no son más que los cantos de las pardelas.

En cualquier caso, si atendemos a la cronología de ambos personajes, obtenemos una diferencia que hace caer por su propio peso cualquier teoría acerca de un posible amorío entre ellos: Ana Viciosa vivió entre finales del siglo XVI y principios del XVII y Cabeza de Perro lo hizo en el XIX...


Detalle de la cueva. Se puede apreciar el color blanco de la cal
Pero, además, esta leyenda toma otra vuelta de tuerca si atendemos al doctor en Historia Manuel de Paz, quien afirma que Ángel García, alias "Cabeza de Perro", a pesar del peso que tiene en la tradición de Canarias, nunca existió, sino que fue un personaje inventado por el escritor Aurelio Pérez Zamora en su obra "Secretos de Cuba".


El origen de las leyendas

La existencia en la tradición oral de todas estas leyendas probablemente venga motivado por diversas causas:

a) Por un lado, el propio apellido de la dueña de estas tierras y de la cueva en cuestión era muy propicio para la invención de historias de este tipo, motivo al que habría que sumarle su gran fuerza y poderío, algo absolutamente insólito en una sociedad fuertemente masculina donde la mujer no contaba con ningún tipo de poder.

 b) Por otro lado, y en lo que se refiere a Cabeza de Perro, es muy lógico pensar que los habitantes de una isla con una historia tan marcada por la piratería y los constantes ataques marítimos recrearan leyendas y mitos relacionados con piratas célebres, y sabemos que éste, a pesar de ser un personaje literario, gozó de gran popularidad.

c) Por último, la inaccesibilidad de la cueva, en medio de una costa, además, tan inhóspita,
no hace sino aumentar el carácter mítico del lugar.

En definitiva, y aunque marcada por grandes dosis de mito, la Cueva de Ana Viciosa alberga en su interior todo un mundo de historias que siguen haciendo volar nuestra imaginación hacia pasados más remotos y fantásticos.


FUENTES:
- VERNEAU, René: Cinco años de estancia en las Islas Canarias, 5ª edición, Ediciones J.A.D.L., Tenerife, 1981.
- DE PAZ SÁNCHEZ, Manuel: La piratería en Canarias, Centro de la Cultura Popular Canaria, Tenerife, 2009.
- DE LA HOZ, Agustín: Lanzarote. Obra escogida, Cabildo Insular de Lanzarote, 1944.
-DE LEÓN, José: Lanzarote bajo el volcán, Cabildo de Lanzarote, 2008.
- PERDOMO, Leandro: "Ana Viciosa", en Falange, 16 de abril de 1955, pág. 4.
- DE LEÓN HERNÁNDEZ, José: "Ana Viciosa en Lanzarote: 'entre el misterio y el poder'", en VV.AA.: Enigmas y tesoros en Canarias, Herques, Tenerife, 2014.