martes, 29 de abril de 2014

Las cruces en Lanzarote

El 3 de mayo, festividad de la Santa Cruz, es una fecha importante en el calendario de muchos pueblos del archipiélago canario. Uno de los principales actos que se llevan a cabo es el enramado de cruces, es decir, la decoración de las mismas con flores. Con la celebración del Día de la Cruz a la vuelta de la esquina, parece un buen momento para recordar la importancia que este símbolo ha tenido en la isla de Lanzarote y las distintas formas y significados con que se presenta en diversos espacios del territorio insular.


Origen de la fiesta de la Cruz

El origen de esta fiesta y el día en que se celebra constituyen aún una incógnita sin resolver, siendo objeto de múltiples interpretaciones. Según la tradición más antigua del Cristianismo, Jesucristo simboliza el fruto de la vida que, tras su muerte, renace en primavera. Esto explicaría el hecho de que la cruz, símbolo de Jesús, se cubra de flores para rememorar su renacimiento, y que ello se celebre en la estación primaveral. Por otro lado, esta festividad se relaciona con la fecha en que la tradición señala que Santa Elena encontró en el Gólgota los restos de la cruz de Cristo: el 3 de mayo de 326 d.C. Además, y en estrecha relación con el Día de la Cruz, existe la celebración de las Vírgenes de Mayo, en la que se homenajea a la Virgen María con oraciones, cánticos y ofrendas florales, enlazando de este modo con la costumbre de enramar las cruces.

No obstante, estas tradiciones pueden tener un origen más ancestral, y ser el producto de la reinterpretación de cultos más antiguos. Así, guardan una estrecha relación con la fiesta celta de Beltane, en la que se celebraba la eclosión de las flores y las cosechas con la elaboración de cruces hechas de ramas y flores en las cimas de las montañas; o con las Floralia romanas, en las que se rendía culto a la primavera y a la fecundidad adornando las calles y casas con flores. 


Cruz enramada en Teguise


Como símbolo cristiano fundacional por excelencia, la cruz es un elemento que aparece en las islas tras la Conquista, y que hoy forma parte de nuestro acervo cultural más arraigado. Así, una mirada sosegada y tranquila por nuestros pueblos y campos nos descubrirá un sinfín de cruces que se erigen, solitarias casi siempre, como mudos testimonios de un pasado que hoy se nos antoja lejano.

a) Cruces en montañas

Es muy frecuente encontrar cruces en lo alto de las montañas de la isla. Los motivos que han llevado a ello son múltiples. Según algunos historiadores, unas habrían sido colocadas como símbolo de protección frente a plagas de langostas (caso de Guenia, Tao o Tinache), auténticas amenazas para Lanzarote en siglos pasados. Algunos defienden, incluso, la posibilidad de que la colocación de cruces en lo alto de las montañas respondiese a un proceso de sincretismo cultural entre la creencia cristiana y el mundo religioso de los majos, los cuales, según las crónicas, adoraban a sus divinidades en lo alto de las montañas. Para otros estudiosos, sin embargo, algunas fueron enclavadas para conmemorar el cambio de siglo y dar la bienvenida al año de 1900.

En el pueblo de Tías, Montaña Blanca y San Bartolomé es tradición, desde muy antiguo, ir de excursión a Montaña Blanca para enramar la cruz que se encuentra en su cima, rezar y luego pasar allí el día tomando los alimentos que cada familia había llevado. Previamente, desde bien temprano todas las casas del pueblo de Tías colocaban una pequeña cruz adornada con flores en sus puertas. Esta costumbre aún puede verse en algunas viviendas.

En Haría, por su parte, podemos también encontrar una cruz en Montaña Aganada que, según las fuentes orales consultadas, fue subida a hombros por un grupo de jóvenes en la década de los setenta después de unas jornadas de convivencia, siendo párroco don José Lavandera.

b) Cruces de difuntos

En el jable de arriba existía una red radial de caminos de difuntos que convergían en el camino de Famara, para llegar por último a sus respectivas casas de difuntos en la plazuela de Teguise (hoy plaza Clavijo y Fajardo), donde se velaba a los fallecidos antes de ser llevados al cementerio, el único de la isla hasta finales del siglo XVIII. Los cuerpos eran trasladados a hombros de vecinos o a lomos de camello hasta La Villa. Se conserva, aunque en mal estado, el antiguo camino de Las Cruces, o camino viejo de Tiagua, donde pueden verse aún algunas de las cruces que existieron y que servían no sólo para señalar el recorrido a los cortejos fúnebres, sino también como lugar de descanso e intercambio de los porteadores del difunto. 

Cruces del Camino de las cruces de Tiagua. Fueron
 restauradas por el Ayuntamiento de Teguise en 2011
Entre Papagayo y Femés existe una tradición similar, en el lugar conocido como "Las crucitas", donde, al parecer, también era costumbre colocar una cruz por cada cadáver que era conducido por allí.

En el pueblo de Haría aparece, igualmente, el topónimo La crucita, el cual hace referencia a una pequeña cruz que existía en la hornacina de una vivienda y que marcaba hasta dónde podía llegar el cura acompañando a los familiares en los entierros de segunda.

Igualmente, encontramos muchas cruces en caminos que rememoran el fallecimiento de algún familiar o ser querido, tradición que aún se mantiene en la actualidad.

Cruz en Guenia, erigida en recuerdo de doña 
Eulogia Rodríguez García, natural de Guatiza, 
quien falleció cuando se dirigía a Teguise para
ser atendida por un médico. Fue restaurada por 
el Ayto. de Teguise en 2012

c) Otras cruces célebres

Además de las ya nombradas, existe un conjunto de cruces que rememoran algún acontecimiento histórico de especial trascendencia, de entre las que destacan:

- La cruz de Los Dolores: recuerda el lugar donde, según la tradición, la virgen de Los Dolores paró las lavas que, procedentes de Montaña Colorada, amenazaban con sepultar el pueblo de Tinajo.

- La cruz de Tiagua: también está relacionada con erupciones volcánicas, pero en este caso con las de 1824, las últimas acontecidas en la isla. El primer foco de expulsión de este episodio fue el volcán de Tao o de del Clérigo Duarte, del cual comenzó a salir magma y agua hirviendo que aterrorizaron a los vecinos, que enseguida salieron en procesión y rogativas, en este caso encabezadas por la imagen de San Andrés, pidiendo el cese de la erupción. En señal de agradecimiento por la finalización, levantaron una cruz que aún existe, y en la que puede leerse El 31 de julio de 1824 vino aquí Ap. Sr. Andrés.

Cruz de Tiagua

- La cruz del siglo de Arrecife: a las 16.00 horas del 31 de diciembre de 1899, una comitiva de fieles dirigidos por el párroco Manuel Miranda Naranjo instalaba un cruz en el Islote del Francés con la siguiente inscripción: Recuerdo del homenaje a Jesucristo Redentor del mundo. Año 1900. El motivo de este hecho fue una orden papal de León XIII, que animaba a los fieles a colocar una gran cruz que diese la bienvenida al nuevo siglo, celebrando para ello una romería.



Cruz del siglo. Islote del Francés

d) Vía crucis de Teguise

Se trata de un conjunto de catorce cruces de madera que se hallan repartidas en distintas calles e inmuebles del centro histórico de La Villa. Representan cada una de las estaciones del Vía Crucis -camino de la cruz- o Pasión de Cristo, desde que fue condenado a muerte hasta su crucifixión y sepultura.

Cruz enramada en Teguise


Su origen se debe a la Orden Franciscana -principal defensora de esta devoción-, que fue la encargada de difundir la fe cristina en Lanzarote desde su establecimiento a comienzos del siglo XV, con la comunidad de Nuestra Señora de Miraflores de Teguise.


Cruz enramada en Teguise

Aunque esta tradición gozó de un gran fervor popular en La Villa, fue abandonada en la década de los setenta, hasta que, tras ser restauradas siete de ellas en 2001 por la Escuela Taller de Itinerarios Arqueológicos, se ha ido recuperando.

Cruz enramada en Teguise


Ahora que se acerca el 3 de mayo, el centro histórico de Teguise volverá a engalanar sus cruces, ofreciendo un espectáculo de color y aromas que embellece, aún más si cabe, un enclave de por sí excepcional. 

Cruz enramada en Teguise


FUENTES:
- Información oral de:
* María Dolores Rodríguez Armas, Técnico del Archivo Histórico Municipal de Teguise y Francisco Hernández Delgado, Cronista de Teguise (Teguise).
* Alberto Perdomo Reyes (Haría).
* Gema Mesa Barreto (Tías).
- ARMAS DÍAZ, Alejandro, ARTETA VIOTTI, Arminda, CONCEPCIÓN MASIP, María Teresa, LÓPEZ PÉREZ, Jairo, PALMERO BARRETO, Raquel,y RODRÍGUEZ SOSA, Mayra: "Las capillas de cruces de La Laguna", en Revista de Historia, La Laguna, nº 188. 
- BETANCOR BRITO, Juan Antonio, FAJARDO MOSEGUE, Manuel Ángel y ROBAYNA BETANCORT, Mercedes: "La fiesta y el folklore en Lanzarote", en XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura, tomo I, Cabildo Insular de Fuerteventura y de Lanzarote, 2008.  
- IBARRA, Usoa: "Unas 30 personas acuden al acto de enramado de las 14 cruces de La Villa ", en La Voz, Lanzarote, 4 de mayo de 2001, p. 20. 
- MONTELONGO FRANQUIZ, Antonio y FALERO LEMES, Marcial: El puerto del Arrecife, Cabildo de Lanzarote y Ayuntamiento de Arrecife, 2000.
- REDACCIÓN: "Arrecife trata de recuperar la tradición del Día de la Cruz", en La Voz, Lanzarote, 4 de mayo de 2005, p. 28.
- http://webs.uvigo.es/masegosa/calendario.pdf .LATINITAS. Página de tema clásico creada por Antonio García Masegosa.

lunes, 10 de marzo de 2014

Chimeneas de Lanzarote

En esta entrada propongo hacer un ejercicio sumamente sano: pasear por nuestros pueblos con la cabeza erguida. Puede que en un principio nos resulte algo incómodo, pero les aseguro que el malestar tiene una rápida y maravillosa recompensa.

La arquitectura tradicional de Lanzarote se caracteriza, como cualquier arquitectura vernácula, por su inteligente sencillez, al presentar una óptima adaptación a los condicionantes climáticos y geográficos, y dar respuesta a las necesidades con una economía de medios basada en la sabiduría popular. El resultado es una arquitectura sin arquitectos, de formas cúbicas y paramentos blanquecinos dotada de una simplicidad y modestia extremadamente bellas.

En este paseo que sugiero, nuestra vista descubrirá, con sorpresa, que la horizontalidad predominante a menudo se ve rota por un elemento vertical: la chimenea. Aunque aparece en todas las islas del archipiélago, lo cierto es que en Lanzarote existe una enorme variedad de tipologías y formas, que no ha pasado desapercibida para los espíritus más sensibles, como el del crítico y escritor Juan Ramírez de Lucas, quien hablaba así de ellas en el libro Arquitectura Inédita:
Portada de Lanzarote. Arquitectura inédita
Una de las características arquitectónicas más inesperadas y singulares de Lanzarote son sus chimeneas. Chimeneas esculturales, desmesuradas, originalísimas, que no tienen parangón en ninguna de las otras islas canarias. De formas caprichosas y variadas, las chimeneas de Lanzarote evidencian la creatividad fecunda de los alarifes populares.
Curiosamente, un elemento eminentemente funcional, cuya misión es servir de salida al humo de la cocina, ayuda a romper la monotonía de la vivienda y adquiere cualidades altamente estéticas dotadas de una gran singularidad.
En las viviendas más humiles podemos encontrar sencillas chimeneas de mampostería de diversos acabados y formas, normalmente de base cuadrangular y remate piramidal o de tendencia circular, a las que, en ocasiones, se les añade madera e, incluso, se rematan con veletas. A este tipo, Santiago Alemán, en su libro Tesoros de la isla, le atribuye una influencia árabe y portuguesa.
Chimenea de mampostería y madera
de una vivienda de Tinajo
Chimenea de mampostería y madera
de una vivienda de Yaiza
Chimenea de mampostería y madera
de una vivienda de Tao
 Por contra, en las casas señoriales de Teguise encontramos los modelos más complejos y de mayor altura; chimeneas que, para Sebastián Jiménez Sánchez (Comisario Provincial de Excavaciones Arqueológicas):
Desde lejos y a la vista del caserío en declive dan idea de torres de fortalezas, de torres de iglesias y de modestas cúpulas de santuarios y palacetes.


Ilustraciones de Victoriano Rodríguez Cabrera que ilustran el artículo de Jiménez Sánchez
Efectivamente, encontramos chimeneas constituidas por la superposición de varios cuerpos de base piramidal, octogonal o circular, que se elevan con majestuosidad sobre las techumbres de las viviendas más señoriales de la antigua capital lanzaroteña, constituyendo un indicativo visual muy elocuente del poder de la familia que las habitaba.
Chimenea de varios cuerpos de una vivienda de Teguise

Chimenea de la Casa del Mayor Guerra (San Bartolomé)
El tercer modelo, en líneas generales, de chimenea que encontramos en la isla es, a su vez, uno de los más fascinantes y de mayor tradición no sólo arquitectónica, sino también literaria: las célebres chimeneas bizantinas, o bulbosas. El primero en hacer célebre esta tipología -y en darle esa denominación- fue el genial escritor tinerfeño Agustín Espinosa, quien, en su Lancelot 28º-7º, hace gala de su desbordante imaginación al atribuirles un hipotético origen bizantino, e incluso ruso:
Todas las chimeneas—las infinitas chimeneas—de Tinajo tienen fórmula cupular idéntica. La gran cúpula bizantina del alto caserón de Juan Cabrera mira desde su atalaya a las chimeneas—a las innumerables chimeneas — de Tinajo, y les impone su marca de fábrica.
Ilustración de Agustín Espinosa en el capítulo "Tinajo y el bizantinismo"

Descartada la influencia bizantina, muchos historiadores proponen una posible influencia morisca, portuguesa o castellana. Otros, como el doctor en Historia del Arte Sebastián Hernández, considera que la apariencia bulbosa se debe a que, sobre la estructura básica de la chimenea, se colocaba la "barriga de las piezas de alfarería locales", otorgando esa característica apariencia curva.

Las cúpulas bizantinas de Lanzarote son el conducto de las humaredas del epicentro
de las cocinas del diablo (César Manrique en Arquitectura Inédita)
Teorías aparte, es indudable el peso que este elemento ha ejercido sobre la arquitectura de la isla, siendo considerado como uno de los elementos vernáculos de mayor importancia. Por este motivo, fue reproducido en los edificios de estilo neocanario realizados durante el franquismo, como ocurre en el Parador Nacional de Turismo, en el cual el arquitecto Marrero Regalado reprodujo dos modelos inspirados en las chimeneas señoriales de Teguise.
De izquierda a derecha, chimeneas de: Teguise, Parador de Turismo y Monumento al Campesino

No obstante, el principal valedor estético de este elemento fue César Manrique. Siguiendo a Espinosa, supo captar la belleza intrínseca de las múltiples chimeneas de la isla, dedicándole a ellas un importante reportaje fotográfico en su libro Arquitectura inédita. Para el Monumento al campesino escogió una de las chimeneas de La Villa, pero, esta vez, con un claro componente lúdico, al reproducirla a una escala descomunal. Chimeneas de toda índole salpican igualmente el Taro de Tahíche.
Chimenea de Haría (izquierda) y Manrique junto a una de las chimeneas del Taro de Tahíche
(fotografía tomada de https://www.facebook.com/cesar.manrique)

Desde entonces, las chimeneas constituyen un elemento de primer orden para cualquier vivienda que desee reproducir el "estilo de Lanzarote", lo que nos habla del arraigo que poseen entre la población insular. Lamentablemente, de manera paralela a esta proliferación de nuevos modelos inspirados en los tradicionales, asistimos con dolor a la progresiva desaparición de los ejemplares auténticos, especialmente de las casas más humildes, cuyas techumbres, ante el estado de abandono en que se encuentran, se desploman sin remedio, desapareciendo con ellas, para siempre, las hermosas chimeneas.
FUENTES:
- ALEMÁN, Santiago: Tesoros de la isla, Cabildo de Lanzarote, 2000. 
- CÁRDENAS Y CHÁVARRI, Javier, et al.: Arquitectura popular rural de Lanzarote, Fundación Diego de Sagredo, 2007.
- ESPINOSA, Agustín: Lancelot 28º-7º, Alfa, 1929.
- HERNÁNDEZ GUTIÉRREZ, A. Sebastián: "Agua y arquitectura tradicional", en La cultura del agua en Lanzarote, Cabildo de Lanzarote, 2006.
- JIMÉNEZ SÁNCHEZ, Sebastián: "Chimeneas de Lanzarote", Falange, 12/11/1950, p. 3.
- MANRIQUE, César: Lanzarote. Arquitectura inédita, Cabildo de Lanzarote, 1988.
- PERERA BETANCORT, Francisca María: Arquitectura tradicional y elementos asociados de Lanzarote, Aderlan, 2009.

martes, 11 de febrero de 2014

Lanzarote y el tránsito a la contemporaneidad: Agustín Espinosa, Pancho Lasso e Ignacio Aldecoa

Crecí asociando los nombres de Agustín Espinosa y Pancho Lasso a centros educativos de la isla, y no fue hasta el quinto curso de carrera cuando, por fin, y en una asignatura optativa, descubrí que la denominación de esos institutos no había sido arbitraria. Con Ignacio Aldecoa me ocurrió algo similar (el colegio de Caleta de Sebo lleva su nombre), pero, en este caso, tuve que esperar a terminar los estudios y comenzar a trabajar para tropezarme con un artículo y averiguar quién se escondía tras ese nombre y apellido. Así funcionamos como sociedad: somos capaces de recordar los nombres de las celebrities o de mediáticos deportistas, pero ignoramos a aquellas personas que dedicaron su vida a enriquecernos como pueblo.

Agustín Espinosa, Pancho Lasso e Ignacio Aldecoa, dos literatos y un artista plástico, cada uno con su particular visión y estilo, constituyen hitos que marcan el tránsito a la contemporaneidad de la isla de Lanzarote y La Graciosa. Partiendo de esta realidad, un equipo formado por los filólogos José Ramón Betancort Mesa y Zebensui Rodríguez Álvarez, la licenciada en Bellas Artes Vanessa Rodríguez González y yo misma, licenciada en Historia del Arte, comenzamos a trabajar con más ilusión y empeño que recursos, con el único y modesto objetivo de divulgar la obra de estos destacados personajes del patrimonio cultural de Lanzarote. En cada una de las reuniones llevadas a cabo durante los largos meses de trabajo, nuestra fascinación hacia estos creadores iba en aumento. No es sólo su obra: su manera de pensar, de ver la isla, y los mensajes que transmiten, a pesar del tiempo transcurrido, continúan siendo extraordinariamente modernos y de vigente actualidad.

Tras este tiempo de duro, pero apasionante trabajo, surgió la exposición que inaugurábamos el pasado 8 de febrero en la Sala de Exposiciones del Charco de San Ginés (Arrecife), y que lleva por título "Lanzarote y el tránsito a la contemporaneidad". En ella dedicamos un espacio a cada uno de estos autores, ilustrándolos con paneles informativos dotados de un tratamiento y una estrategia de comunicación diferenciada, magníficamente diseñados por Vanessa Rodríguez.
 
Paneles de bienvenida a la exposición Lanzarote
y el tránsito a la contemporaneidad: Pancho Lasso, Agustín
Espinosa e Ignacio Aldecoa. Diseño de Vanessa Rodríguez
 

Agustín Espinosa

Aunque aún no ha sido valorado en su justa medida, este escritor tinerfeño es una de las grandes figuras de las vanguardias literarias españolas. Adscrito al Surrealismo, emprendió una lucha por superar el manido regionalismo imperante e introducir la cultura europea.
 
Durante el año que reside en Lanzarote, en el ejercicio de su cargo como Comisario Regio del recién inaugurado Instituto de Segunda Enseñanza de Arrecife, en 1928, escribe Lancelot 28º-7º. Guía integral de una isla atlántica, con seguridad la primera manifestación vanguardista en tener a Lanzarote como protagonista.
 
Portada de la primera edición de Lancelot

Cansado y aburrido, como decíamos, de la visión regionalista, en su propia declaración de intenciones deja claro su objetivo:
 
Lo que yo he buscado realizar, sobre todo, ha sido esto: un mundo poético; una mitología conductora. Mi intención es el de crear un Lanzarote nuevo. Un Lanzarote inventado por mí. Siguiendo la tradición más ancha de la literatura universal.
 
Así, en esta nueva visión mitológica de Lanzarote, Espinosa recurre al homónimo caballero medieval:
 
Diez barcos de Bretaña trajeron la decoración bretona, el traje caballeresco que Lancelot quiso que vistiera su isla: castillos de puentes volantes y soldados defensores con cuerda para 40 días; dragones cósmicos-hoy Montañas del Fuego-que un fuelle colosal mantenía siempre ardientes.

Está Lancelot 28º-7º repleto de recursos tan originales y transgresores como la unión de palabras antagónicas, la yuxtaposición de imágenes o los juegos analógicos. Según sus propias palabras:
 
Sustituyo lo concreto por lo abstracto. El molde, por el módulo. Lo entero, por lo íntegro. El objeto, por su esquema. El sujeto por la esencia. La isla, por su mapa poético. Culto. Construyo la geografía integral de Lanzarote.
 
Los protagonistas de esta novedosa visión insular son la palmera, el viento, el camello o las salinas de Lanzarote, entre otros, tal y como aparecen representados en los paneles de la exposición.
 
Ilustración del libro Lancelot
 
Paneles dedicados a Agustín Espinosa
 
Pancho Lasso

Francisco Lasso Morales, Pancho Lasso, fue el primer y más importante escultor nacido en Lanzarote. Gracias a una beca concedida por el Cabildo Insular, pudo realizar sus estudios en Madrid, ciudad en la que vivió gran parte de su vida.

Tras una primera fase de formación, en la que realiza obras de corte neocubista, muy inspiradas en la escultura ibérica y egipcia, durante los años de la Segunda República participa activamente en La Escuela de Vallecas, uno de los principales movimientos de vanguardia anteriores a la Guerra Civil. Entre la producción de este periodo destaca, muy especialmente, el Monumento a la Internacional, una de las más singulares, y también desconocidas, esculturas del arte español de preguerra.
 
Monumento a la Internacional, Marina de Arrecife. 
Homenaje a todos los Trabajadores del mundo


Tras el conflicto bélico regresa a Lanzarote, donde permanece algunos años, y su lenguaje deriva hacia un realismo de fuerte raigambre popular, pues lo consideraba más fácilmente asimilable por el pueblo, por y para quien siempre trabajó. En la isla ejerce una notable influencia sobre César Manrique, por entonces un joven con vocación artística. Tras regresar a Madrid, la represión del régimen franquista hacia las vanguardias y la tragedia social de la posguerra le sumen en una profunda tristeza, que le lleva a trabajar como sacador de puntos de un imaginero para subsistir, quedando su producción artística muy mermada, hasta que la recupera, en la década de los sesenta, gracias al arte de la medalla,  género con el que alcanza gran reconocimiento.
 
Fragmento de un artículo escrito por Lasso y publicado
en el periódico lanzaroteño Pronósticos en 1946

A pesar de la diversidad de lenguajes y estilos que desarrolló a lo largo de su carrera, la obra de Pancho Lasso es un ejemplo de coherencia artística e ideológica, basada, esencialmente, en la unión de dos principios fundamentales: su compromiso social y su amor hacia su isla natal, fuente inagotable de inspiración.
 
Visión general del espacio dedicado a Pancho Lasso en la exposición
Lanzarote y el tránsito a la contemporaneidad

Aunque es indiscutible el papel ejercido por Pancho Lasso en el contexto artístico del Lanzarote contemporáneo, lo cierto es que las circunstancias históricas, unidas a su propio carácter, sumamente humilde e introvertido, reacio a la exhibición pública, contribuyeron, en gran medida, al desconocimiento de su obra y su figura.
 
 Ignacio Aldecoa

Nacido en Vitoria en 1925, Aldecoa es considerado como uno de los mejores cuentistas españoles de mediados del siglo XX. Dedicado también al periodismo, en 1957 visita por primera vez Lanzarote y La Graciosa para elaborar sendos reportajes para el diario Arriba, los cuales, junto a otros testimonios literarios sobre el archipiélago, dieron lugar a su libro de viajes Cuadernos de godo.

Años más tarde, en 1961, vuelve a La Graciosa, isla que abandona «camino de Madrid», sintiéndose castigado, y «con el Paraíso a barlovento». Fruto de esta estancia en la pequeña isla será la novela Parte de una historia (1967), obra dotada de un importante reflejo personal y consideraciones íntimas que acercan al autor a la narrativa existencialista mediante el tejido fragmentado de una cotidianidad interrumpida por el naufragio de un velero que, pronto, se convertirá en símbolo de su propio zozobrar en un mundo de fantasmas y sentimientos de difícil aprehensión. 
 
Vitrina dedicada a Ignacio Aldecoa, con un ejemplar
de la primera edición de Parte de una historia
 

Sin que llegaran a rodarse nunca sus guiones para las películas Fuego dormido y Cita en Playa Negra, ambientadas en Lanzarote, fallece Aldecoa en pleno proceso creador en 1969, en Madrid, lejos del mar, «esa mi desazón permanente».

En la exposición se rescatan fragmentos de esta enigmática novela dotados de un marcado tono poético, en ocasiones desgarrador, que quedan acentuados por una selección de fotografías que compite en potencia estética, dando como resultado unos paneles de sobrecogedora belleza. Los autores de estas imágenes son Javier Reyes, Nick y Elza Wagner, y Francisco Rojas Fariñas.
 
Espacio dedicado a Ignacio Aldecoa en la exposición
Lanzarote y el tránsito a la contemporaneidad

Fotografía de Francisco Rojas Fariña ilustrando un fragmento de Parte de una historia.
Diseño de Vanessa Rodríguez
 
El fin último que persigue el grupo de trabajo que ha emprendido este proyecto es contribuir a rescatar del olvido a tres personajes tan relevantes como desconocidos del patrimonio cultural contemporáneo de Lanzarote. Para ello, además de esta exposición, realizaremos visitas guiadas y charlas, y emitiremos el documental de Miguel García Morales titulado Aldecoa. La huida al paraíso.
 
Cartel de la exposición con
el programa de actividades paralelas

La exposición puede visitarse en la Sala municipal de Exposiciones del Charco de San Ginés (c/ Emilio Ley s/n, esquina Charco de San Ginés), de lunes a viernes, en horario de 10 a 13 h y de 17 a 20, y sábados de 10 a 14h.
 
Para conocer todas las actividades, puedes consultar el perfil de la exposición en Facebook:
 
 
NOTA: Los textos dedicados a Agustín Espinosa e Ignacio Aldecoa están tomados de sendos trabajos de investigación, aún sin publicar, realizados por José Ramón Betancort Mesa y Zebensui Rodríguez Álvarez.

miércoles, 15 de enero de 2014

El viento, alegoría de Lanzarote

El mural El Viento es una de esas obras que, desde bien chinija, me han cautivado el corazón. Quizá sea porque cada vez que lo observo soy capaz de sentir la furia de ese viento que dificulta con violencia el paso a los campesinos, o quizá por haber estado envuelta desde niña en el paisaje de La Geria, del cual no he podido desprenderme; quizá yo misma no sea ya más que otro hoyo de parra o tronco de higuera...



Mural El Viento. Aula Magna de la Uned de Arrecife (antiguo Parador de Turismo)


A mediados de la década de 1940, ante el tímido pero incipiente despegue turístico de Lanzarote, las autoridades encargan la realización del primer edificio con fines estrictamente turísticos de la isla: el Parador Nacional.
Antiguo Parador de Turismo de Arrecife, actualmente sede de la Uned. En primer
término, escultura del científico lanzaroteño Blas Cabrera Felipe


El encargado de la obra fue el arquitecto tinerfeño José Enrique Marrero Regalado, quien diseñó, siguiendo las pautas estéticas del momento, un edificio en estilo neocanario, con múltiples guiños a la propia arquitectura tradicional de Lanzarote, como las volutas y bolas de la fachada, la chimenea o el horno.
Obsérvense los guiños a la arquitectura tradicional
de Lanzarote: las volutas, inspiradas en la iglesia del
Convento de San Francisco de Teguise, la chimenea,
recuerdo de las existentes en el mismo pueblo, o las
bolas, en referencia al cercano Puente de las Bolas


Para la decoración del bar y del comedor, solicitó a un recién licenciado César Manrique la realización de pinturas murales. Este encargo suponía la primera actuación de peso del artista en su isla, y, para ello, recurrió a la representación de temas vernáculos en un estilo aún figurativo.
Mural La Vendimia. Aula Magna de la Uned (antiguo
Parador de Turismo de Arrecife)

Mural La Pesca. Aula Magna de la Uned (antiguo Parador de Turismo de Arrecife)
Hasta las primeras décadas del siglo XX, la pintura canaria estaba fuertemente asociada a la idea del mito y, por tanto, a la visión de las islas como Jardín de las Hespérides, Campos Elíseos o la Atlántida. Esto se traducía, en el plano artístico, en cuadros de exuberantes paisajes llenos de frutos y personajes felices por vivir en un idílico paraíso. Esta situación comenzó a cambiar con el desarrollo de las vanguardias en Canarias, concretamente con la Escuela Luján Pérez de Las Palmas, y, previamente, con los escritos de Miguel de Unamuno sobre Fuerteventura, cuando empiezan a reivindicar, por primera vez, el paisaje seco de las islas. Como ha expuesto el catedrático Fernando Castro, este grupo de artistas y literatos ponen de manifiesto la idea de la caducidad del mito, al darse cuenta de que Canarias no es un jardín exuberante donde los árboles producen manzanas de oro (...) son islas pobres, donde el polvo del desierto cercano ha ido convirtiendo sus campos en páramos (...). Sus pobladores no son atlantes ni faunos sino humildes aparceros en cuyos rostros, de rasgos africanos, se acusan los estigmas de una explotación secular.
 
Los frutos de la tierra, obra del pintor
gomero José Aguiar, 1927

   
Una primera observación del mural El Viento probablemente nos transmita sensaciones negativas, como sufrimiento o angustia. Esta idea podría resultar antagónica con el propósito para el que fue realizado, y cabría pensar si no habría sido más pertinente, por parte de Manrique, escoger un tema más amable, como hizo en los otros murales que acompañan éste: La pesca o La vendimia. Sin embargo, un análisis más exhaustivo de la obra nos desvela un objetivo mucho más profundo y ambicioso.


 

César pintando el mural. Fotografía tomada del libro César Manrique 1950-1957


El fuerte viento de Lanzarote, presente en gran parte del año, es, en gran medida, el responsable de la fisonomía de la isla. Como podemos observar en esta pintura, desnuda sus viejas montañas; obliga a los agricultores a proteger sus frutales con muros de piedra; reduce y desprovee de vanos su arquitectura, y fuerza al enanismo a sus árboles, de los cuales tan sólo la valiente palmera es capaz de retar su furia.

Otros elementos naturales, como el volcán, condicionan la vida en la isla: las cenizas expulsadas durante las erupciones de Timanfaya dieron lugar a uno de los sistemas de cultivo más originales y genuinos del mundo: la plantación de parras en hoyos.


    Bien quisiera él [el viento] árboles altos, de borrominiano ramaje; palacios de
    balconería fastuosa [...]. Árboles que desnudar violentamente [...]. Pero nada de
    esto tiene. Las higueras de Ye se burlan de sus gritos dramáticos [...]. Palabras
    de Agustín Espinosa dedicadas al viento de Lanzarote, un cazador de retórica,
    en su libro Lancelot 28º-7º
En el mural El viento, por tanto, la esencia de Lanzarote queda representada: la titánica lucha que el campesino lanzaroteño ha llevado a cabo durante siglos contra unas condiciones naturales sumamente hostiles ha dado como resultado un paisaje sobrecogedor y extremadamente bello al mismo tiempo. Belleza en la riqueza cromática de sus tierras, en la austeridad de su arquitectura y su agricultura, y en la rotundidad y robustez de sus campesinos. Belleza, en definitiva, en la comunión del hombre con su medio. Simbiosis perfecta de arte y naturaleza.


Mujer, niño, arquitectura, árboles...todo en Lanzarote se
protege del viento

Robustas piernas ancladas en el rofe como raíces de higueras
Manrique, al igual que Pancho Lasso, Arozarena y tantos otros, fue capaz de ver en la particular naturaleza seca y volcánica de Lanzarote un potencial estético único, con el que sintió una especial comunión desde niño, tal y como dejaba de manifiesto en estas palabras: Ya el haber nacido en esta quemada geología de cenizas, en medio del Atlántico, condiciona a cualquier ser medianamente sensible.

Con esta temprana obra, Manrique quería advertir a todo aquel que visitara la isla que lo que ésta le iba a ofrecer no tenía nada que ver con lo que había visto antes, que iba a descubrir un paisaje lleno de contrastes y de una sobrecogedora belleza no exenta de cierto dramatismo.
Observador privilegiado, uno de sus principales méritos fue el de ser capaz no sólo de ver, sino, sobre todo, de hacer ver y entender, que la naturaleza y el patrimonio de Lanzarote, lejos de ser pobre e insignificante, constituye un atractivo de primer orden que hace de la isla un lugar único en el mundo del que debemos enorgullecernos y cuidar. 
El mural El viento, por tanto, representación alegórica de Lanzarote y reconocimiento a la nunca suficientemente valorada labor del campesino isleño.


FUENTES:
- CASTRO BORREGO, Fernando: Manrique, Biblioteca de Artistas Canarias, Gobierno de Canarias,2009.
- PERERA BETANCORT, Francisca María: "El Parador y el primer parque municipal de Arrecife," IX Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote. Tomo II, Cabildo Insular de Fuerteventura y Cabildo Insular de Lanzarote, 2001.
- VV.AA: César Manrique 1950-1957, Fundación César Manrique, 2006.
-ARTETA VIOTTI, Arminda: "Visiones plásticas y literarias del paisaje Lanzarote en el mundo contemporáneo. Notas para su estudio", XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura. Tomo II, Cabildo Insular de Lanzarote y Cabildo Insular de Fuerteventura, 2008.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Luis Ramírez González, el gran mecenas olvidado

En una época como la que nos ha tocado vivir, donde las noticias sobre recortes en educación y cultura llenan las portadas de la prensa día sí y día también, pensar que una vez pudo existir una persona que, desinteresadamente, dedicara su tiempo y su dinero a conservar y promover el patrimonio y la educación, parece una verdadera quimera. Sin embargo, así fue. Lanzarote tuvo la fortuna de contar, en las primeras décadas del siglo XX, con un personaje tan interesante y peculiar como desconocido: don Luis Ramírez González.

Retrato de juventud de Luis Ramírez. Fotografía
tomada del artículo Historia del Ayuntamiento de
San Bartolomé. Doscientos años de alcaldes
Nacido en San Bartolomé en el seno de una familia pudiente, tuvo la posibilidad de formarse y viajar por la Península y Europa. Posiblemente ligado a la masonería, poseía grandes inquietudes culturales y un carácter singular, no siempre entendido por el pueblo. Entre 1930 y 1931 fue alcalde de San Bartolomé, residiendo en un cortijo de La Florida que aún hoy permanece en pie, aunque rehabilitado como bodega, con un característico drago.
Desde muy joven, sintió un profundo interés por el arte y el patrimonio, tal y como lo describían en la prensa de la época:  Hombre admirable, dotado de la más admirable de las manías: coleccionar cuanto de bello o de mérito artístico, histórico o cultural llega hasta sus manos. No obstante, este interés no era sólo producto de un hedonismo individualista, pues llegó a ser un auténtico filántropo y mecenas, que llevó a cabo un gran número de iniciativas culturales. Veamos algunas de ellas.

Los castillos

En 1925, ante el estado de abandono en que se encontraba el Castillo de Santa Bárbara o Guanapay (que había llegado a ser palomar militar hasta 1913) el Gobernador Militar de Gran Canaria pide un informe al Ayuntamiento de Teguise, solicitando que alguna familia de buena conducta se hiciera cargo de inmueble. Para este cometido fue propuesto, por su amor hacia la historia y el patrimonio de su isla, D. Luis Ramírez González, con la condición de que lo conservara en buen estado, como así lo hizo hasta que, en 1936, pasa al Ministerio de Hacienda. Según me contó en una ocasión un sabio de La Caleta, en este histórico monumento descansan los restos de sus queridos perros Tula y Azabache.
Imagen del Castillo de Guanapay en los años 20.
Fotografía tomada de la Fedac
Viendo con dolor el deplorable estado en que se hallaba el Castillo de Las Coloradas o Torre del Águila, en Playa Blanca, Luis Ramírez solicita, en 1933, su usufructo, para poder contribuir a su conservación. Se dirigía a las autoridades con estas palabras: Amante de la conservación de los pocos monumentos históricos de esta Isla, y  creyendo que el castillo del Águila en la misma (...) no tiene persona que vele  por su conservación y cuidado, espera merecer de V.E. se le dé en usufructo  dicha fortaleza (...). Lamentablemente, esta petición fue rechazada.

Museo en La Villa

En la década de 1920, proyecta instalar un museo de antigüedades dedicado a Agustín de Herrera, Marqués de Lanzarote, sobre una antigua casona de Teguise del siglo XVIII, prácticamente en ruinas. El escudo, donde pueden verse las iniciales AH y MS, fue realizado por el escultor Pancho Lasso.

Detalle del marco de la puerta del Palacio del Marqués de Herrera (Teguise)
y su escudo, realizado por Pancho Lasso
Por diversos motivos, las obras quedaron paralizadas, retomándose el proyecto en la década de 1940. Antes de morir, lo donó al Cabildo para que pudiera materializarse su sueño; sin embargo, esto nunca ocurrió, y en la actualidad constituye una de las sedes del ayuntamiento de Teguise.

En este mismo pueblo contribuyó, con su propio patrimonio, a embellecer la plaza de San Miguel con una fuente y bancos realizados en piedra de Arucas, que aún hoy pueden verse, y también promovió la plantación de árboles. En 1946 puso en marcha, junto a Lorenzo Betancort, la celebración de una exposición de arte sacro, y dotó a diversas iglesias de la isla de lujosos objetos de arte, pues era un hombre profundamente religioso.

Casa de la Cultura de Arrecife

Este impresionante inmueble del siglo XIX, uno de los más bellos ejemplos de arquitectura señorial de la capital, pasó a manos de Luis Ramírez, quien lo alquiló durante años al Casino de Arrecife. Sin embargo, en su testamento lo donó a los Salesianos con el objetivo de que creasen en él un colegio de su congregación, en el que se acogiese a los niños más pobres de la isla, para los que, además, dispuso que se destinaran nada menos que 1.528.418 de pesetas en becas de estudio.
Artículo del periódico Antena

Este deseo no fue llevado a cabo, por lo que el edificio pasó a subasta y fue finalmente adquirido por el Ayuntamiento de Arrecife, quien lo destinó a Casa de la Cultura.

Fachada de la Casa de la Cultura Agustín de la Hoz

Otra medida que habla de su generosidad y compromiso con la educación fue la donación que realizó de una gran parte de sus libros a la biblioteca de Arrecife, muchos de los cuales, según parece, desaparecieron en el incendio que sufrió el antiguo Parador de Turismo hace unos años.

Casa modernista de La Caleta

 En la Caleta de Famara sobrevive, agonizante, uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura de nuestra isla: la casa veraniega de don Luis Ramírez.
Lamentable estado de abandono de la única casa
modernista de Lanzarote
Se trata de un pequeño edificio de dos plantas, una inferior curva y una superior retranqueada, con un arco dividido en dos por un robusto pilar, sobre el que pueden leerse las iniciales de su propietario: LR. 
La decoración de la fachada es un despliegue de motivos marinos: delfines, pulpos, caracolas y burgados de formas sinuosas recorren el espacio curvo de la fachada, en una mezcla de ingenuidad y elegancia que hacen las delicias de cualquier paseante. Precisamente estos motivos marinos (especialmente el pulpo) y el predominio de la curva, nos hablan de la influencia del art nouveau o modernista, que tanto éxito había tenido en Europa, especialmente en la Barcelona de Gaudí. Luis Ramírez, afamado viajero y enamorado del arte y la cultura, quiso recrear en su casa veraniega esos sofisticados aires europeos, regalándonos de este modo esta joyita arquitectónica, único ejemplo modernista de la isla. 
En una de las paredes interiores construyó un nicho para enterrar a su perra Florinda, homenajeada en una pequeña lápida que rezaba: Aquí yace Florinda, la mejor amiga del hombre, demostrando, nuevamente, una enorme sensibilidad. 
Una de las personas que lo conoció, José Ferrer Perdomo (propietario del museo Tanit), me informó acerca del cariño y la admiración que sentían los niños hacia Luis Ramírez, pues, entre otras cosas, daba un peseta a todo aquel chiquillo que le llevara un cesto lleno de papas crías, lapas, burgados o huevas de erizos, alimentos predilectos del mecenas. 
Desgraciadamente, este inmueble, que fue donado por su propietario a la Iglesia, muere lentamente, atacado por el efecto de la maresía y por el aún más feroz efecto del olvido, a la espera de que algún espíritu sensible como el de aquél que la construyó lo rescate y lo haga lucir de nuevo en todo su esplendor.
Detalle del estado original de la fachada. Pueden
observarse los motivos marinos: pulpo, delfines,
caracolas, etc., así como las iniciales LR entrelazadas
en la parte superior. Imagen del Archivo Histórico
de Teguise

Luis Ramírez falleció en Barcelona en 1950, parece que cuando se dirigía a Roma para encontrarse con el Papa. Sus restos reposan hoy en un bellísimo monumento funerario del antiguo cementerio de La Villa. Aunque su legado está presente en múltiples espacios de la isla, quizá no haya recibido aún el reconocimiento que merece un personaje que, por sus características, hoy más que nunca, cualquier pueblo soñaría con tener.
Monumento funerario de Luis Ramírez en el antiguo Cementerio de Teguise.
La pirámide como referencia simbólica masónica al mundo de la muerte
FUENTES:
- Artículo sobre Luis Ramírez del Archivo Histórico de Teguise
- Información oral de José Ferrer Perdomo.
- CLAR FERNÁNDEZ, José Manuel: Arquitectura militar de Lanzarote, Centro de la Cultura Popular Canaria y Cabildo de Lanzarote, 2007.
-HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, José y ARMAS MELIÁN, Rafael: 'Historia del Ayuntamiento de San Bartolomé. Doscientos años de alcaldes', en XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura, tomo I, Cabildo Insular de Lanzarote y Cabildo Insular de Fuerteventura, Arrecife, 2008.
- INZA, Carlos: "El gran filántropo desconocido", en Canarias 7, 20/08/20120, p. 28.
- PERERA BETANCORT, Francisca María y DÍAZ BETHENCOURT, José: "Los animales en el Patrimonio Histórico Artístico de propiedad eclesiástica de Lanzarote", XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura. Tomo II, Cabildo Insular de Lanzarote y Cabildo Insular de Fuerteventura, 2008.
- Antena, 28/09/1954, p. 7.
- TOPHAM, Guillermo: "Los salesianos piensan fundar una Escuela Elemental de Aprendices", Antena, 02/06/1953, pp. 1 y 7.
- "Agustín de la Hoz, una Casa para la Cultura", La Voz de Lanzarote, 03/05/ 1997, p. 16.
- TABAR, María José: "Lagrimeo modernista en La Caleta", en Diario de Lanzarote, 31/12/2012.
- Guía del Conjunto Histórico de Teguise, Ayuntamiento de Teguise, 2007.