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lunes, 10 de marzo de 2014

Chimeneas de Lanzarote

En esta entrada propongo hacer un ejercicio sumamente sano: pasear por nuestros pueblos con la cabeza erguida. Puede que en un principio nos resulte algo incómodo, pero les aseguro que el malestar tiene una rápida y maravillosa recompensa.

La arquitectura tradicional de Lanzarote se caracteriza, como cualquier arquitectura vernácula, por su inteligente sencillez, al presentar una óptima adaptación a los condicionantes climáticos y geográficos, y dar respuesta a las necesidades con una economía de medios basada en la sabiduría popular. El resultado es una arquitectura sin arquitectos, de formas cúbicas y paramentos blanquecinos dotada de una simplicidad y modestia extremadamente bellas.

En este paseo que sugiero, nuestra vista descubrirá, con sorpresa, que la horizontalidad predominante a menudo se ve rota por un elemento vertical: la chimenea. Aunque aparece en todas las islas del archipiélago, lo cierto es que en Lanzarote existe una enorme variedad de tipologías y formas, que no ha pasado desapercibida para los espíritus más sensibles, como el del crítico y escritor Juan Ramírez de Lucas, quien hablaba así de ellas en el libro Arquitectura Inédita:
Portada de Lanzarote. Arquitectura inédita
Una de las características arquitectónicas más inesperadas y singulares de Lanzarote son sus chimeneas. Chimeneas esculturales, desmesuradas, originalísimas, que no tienen parangón en ninguna de las otras islas canarias. De formas caprichosas y variadas, las chimeneas de Lanzarote evidencian la creatividad fecunda de los alarifes populares.
Curiosamente, un elemento eminentemente funcional, cuya misión es servir de salida al humo de la cocina, ayuda a romper la monotonía de la vivienda y adquiere cualidades altamente estéticas dotadas de una gran singularidad.
En las viviendas más humiles podemos encontrar sencillas chimeneas de mampostería de diversos acabados y formas, normalmente de base cuadrangular y remate piramidal o de tendencia circular, a las que, en ocasiones, se les añade madera e, incluso, se rematan con veletas. A este tipo, Santiago Alemán, en su libro Tesoros de la isla, le atribuye una influencia árabe y portuguesa.
Chimenea de mampostería y madera
de una vivienda de Tinajo
Chimenea de mampostería y madera
de una vivienda de Yaiza
Chimenea de mampostería y madera
de una vivienda de Tao
 Por contra, en las casas señoriales de Teguise encontramos los modelos más complejos y de mayor altura; chimeneas que, para Sebastián Jiménez Sánchez (Comisario Provincial de Excavaciones Arqueológicas):
Desde lejos y a la vista del caserío en declive dan idea de torres de fortalezas, de torres de iglesias y de modestas cúpulas de santuarios y palacetes.


Ilustraciones de Victoriano Rodríguez Cabrera que ilustran el artículo de Jiménez Sánchez
Efectivamente, encontramos chimeneas constituidas por la superposición de varios cuerpos de base piramidal, octogonal o circular, que se elevan con majestuosidad sobre las techumbres de las viviendas más señoriales de la antigua capital lanzaroteña, constituyendo un indicativo visual muy elocuente del poder de la familia que las habitaba.
Chimenea de varios cuerpos de una vivienda de Teguise

Chimenea de la Casa del Mayor Guerra (San Bartolomé)
El tercer modelo, en líneas generales, de chimenea que encontramos en la isla es, a su vez, uno de los más fascinantes y de mayor tradición no sólo arquitectónica, sino también literaria: las célebres chimeneas bizantinas, o bulbosas. El primero en hacer célebre esta tipología -y en darle esa denominación- fue el genial escritor tinerfeño Agustín Espinosa, quien, en su Lancelot 28º-7º, hace gala de su desbordante imaginación al atribuirles un hipotético origen bizantino, e incluso ruso:
Todas las chimeneas—las infinitas chimeneas—de Tinajo tienen fórmula cupular idéntica. La gran cúpula bizantina del alto caserón de Juan Cabrera mira desde su atalaya a las chimeneas—a las innumerables chimeneas — de Tinajo, y les impone su marca de fábrica.
Ilustración de Agustín Espinosa en el capítulo "Tinajo y el bizantinismo"

Descartada la influencia bizantina, muchos historiadores proponen una posible influencia morisca, portuguesa o castellana. Otros, como el doctor en Historia del Arte Sebastián Hernández, considera que la apariencia bulbosa se debe a que, sobre la estructura básica de la chimenea, se colocaba la "barriga de las piezas de alfarería locales", otorgando esa característica apariencia curva.

Las cúpulas bizantinas de Lanzarote son el conducto de las humaredas del epicentro
de las cocinas del diablo (César Manrique en Arquitectura Inédita)
Teorías aparte, es indudable el peso que este elemento ha ejercido sobre la arquitectura de la isla, siendo considerado como uno de los elementos vernáculos de mayor importancia. Por este motivo, fue reproducido en los edificios de estilo neocanario realizados durante el franquismo, como ocurre en el Parador Nacional de Turismo, en el cual el arquitecto Marrero Regalado reprodujo dos modelos inspirados en las chimeneas señoriales de Teguise.
De izquierda a derecha, chimeneas de: Teguise, Parador de Turismo y Monumento al Campesino

No obstante, el principal valedor estético de este elemento fue César Manrique. Siguiendo a Espinosa, supo captar la belleza intrínseca de las múltiples chimeneas de la isla, dedicándole a ellas un importante reportaje fotográfico en su libro Arquitectura inédita. Para el Monumento al campesino escogió una de las chimeneas de La Villa, pero, esta vez, con un claro componente lúdico, al reproducirla a una escala descomunal. Chimeneas de toda índole salpican igualmente el Taro de Tahíche.
Chimenea de Haría (izquierda) y Manrique junto a una de las chimeneas del Taro de Tahíche
(fotografía tomada de https://www.facebook.com/cesar.manrique)

Desde entonces, las chimeneas constituyen un elemento de primer orden para cualquier vivienda que desee reproducir el "estilo de Lanzarote", lo que nos habla del arraigo que poseen entre la población insular. Lamentablemente, de manera paralela a esta proliferación de nuevos modelos inspirados en los tradicionales, asistimos con dolor a la progresiva desaparición de los ejemplares auténticos, especialmente de las casas más humildes, cuyas techumbres, ante el estado de abandono en que se encuentran, se desploman sin remedio, desapareciendo con ellas, para siempre, las hermosas chimeneas.
FUENTES:
- ALEMÁN, Santiago: Tesoros de la isla, Cabildo de Lanzarote, 2000. 
- CÁRDENAS Y CHÁVARRI, Javier, et al.: Arquitectura popular rural de Lanzarote, Fundación Diego de Sagredo, 2007.
- ESPINOSA, Agustín: Lancelot 28º-7º, Alfa, 1929.
- HERNÁNDEZ GUTIÉRREZ, A. Sebastián: "Agua y arquitectura tradicional", en La cultura del agua en Lanzarote, Cabildo de Lanzarote, 2006.
- JIMÉNEZ SÁNCHEZ, Sebastián: "Chimeneas de Lanzarote", Falange, 12/11/1950, p. 3.
- MANRIQUE, César: Lanzarote. Arquitectura inédita, Cabildo de Lanzarote, 1988.
- PERERA BETANCORT, Francisca María: Arquitectura tradicional y elementos asociados de Lanzarote, Aderlan, 2009.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Luis Ramírez González, el gran mecenas olvidado

En una época como la que nos ha tocado vivir, donde las noticias sobre recortes en educación y cultura llenan las portadas de la prensa día sí y día también, pensar que una vez pudo existir una persona que, desinteresadamente, dedicara su tiempo y su dinero a conservar y promover el patrimonio y la educación, parece una verdadera quimera. Sin embargo, así fue. Lanzarote tuvo la fortuna de contar, en las primeras décadas del siglo XX, con un personaje tan interesante y peculiar como desconocido: don Luis Ramírez González.

Retrato de juventud de Luis Ramírez. Fotografía
tomada del artículo Historia del Ayuntamiento de
San Bartolomé. Doscientos años de alcaldes
Nacido en San Bartolomé en el seno de una familia pudiente, tuvo la posibilidad de formarse y viajar por la Península y Europa. Posiblemente ligado a la masonería, poseía grandes inquietudes culturales y un carácter singular, no siempre entendido por el pueblo. Entre 1930 y 1931 fue alcalde de San Bartolomé, residiendo en un cortijo de La Florida que aún hoy permanece en pie, aunque rehabilitado como bodega, con un característico drago.
Desde muy joven, sintió un profundo interés por el arte y el patrimonio, tal y como lo describían en la prensa de la época:  Hombre admirable, dotado de la más admirable de las manías: coleccionar cuanto de bello o de mérito artístico, histórico o cultural llega hasta sus manos. No obstante, este interés no era sólo producto de un hedonismo individualista, pues llegó a ser un auténtico filántropo y mecenas, que llevó a cabo un gran número de iniciativas culturales. Veamos algunas de ellas.

Los castillos

En 1925, ante el estado de abandono en que se encontraba el Castillo de Santa Bárbara o Guanapay (que había llegado a ser palomar militar hasta 1913) el Gobernador Militar de Gran Canaria pide un informe al Ayuntamiento de Teguise, solicitando que alguna familia de buena conducta se hiciera cargo de inmueble. Para este cometido fue propuesto, por su amor hacia la historia y el patrimonio de su isla, D. Luis Ramírez González, con la condición de que lo conservara en buen estado, como así lo hizo hasta que, en 1936, pasa al Ministerio de Hacienda. Según me contó en una ocasión un sabio de La Caleta, en este histórico monumento descansan los restos de sus queridos perros Tula y Azabache.
Imagen del Castillo de Guanapay en los años 20.
Fotografía tomada de la Fedac
Viendo con dolor el deplorable estado en que se hallaba el Castillo de Las Coloradas o Torre del Águila, en Playa Blanca, Luis Ramírez solicita, en 1933, su usufructo, para poder contribuir a su conservación. Se dirigía a las autoridades con estas palabras: Amante de la conservación de los pocos monumentos históricos de esta Isla, y  creyendo que el castillo del Águila en la misma (...) no tiene persona que vele  por su conservación y cuidado, espera merecer de V.E. se le dé en usufructo  dicha fortaleza (...). Lamentablemente, esta petición fue rechazada.

Museo en La Villa

En la década de 1920, proyecta instalar un museo de antigüedades dedicado a Agustín de Herrera, Marqués de Lanzarote, sobre una antigua casona de Teguise del siglo XVIII, prácticamente en ruinas. El escudo, donde pueden verse las iniciales AH y MS, fue realizado por el escultor Pancho Lasso.

Detalle del marco de la puerta del Palacio del Marqués de Herrera (Teguise)
y su escudo, realizado por Pancho Lasso
Por diversos motivos, las obras quedaron paralizadas, retomándose el proyecto en la década de 1940. Antes de morir, lo donó al Cabildo para que pudiera materializarse su sueño; sin embargo, esto nunca ocurrió, y en la actualidad constituye una de las sedes del ayuntamiento de Teguise.

En este mismo pueblo contribuyó, con su propio patrimonio, a embellecer la plaza de San Miguel con una fuente y bancos realizados en piedra de Arucas, que aún hoy pueden verse, y también promovió la plantación de árboles. En 1946 puso en marcha, junto a Lorenzo Betancort, la celebración de una exposición de arte sacro, y dotó a diversas iglesias de la isla de lujosos objetos de arte, pues era un hombre profundamente religioso.

Casa de la Cultura de Arrecife

Este impresionante inmueble del siglo XIX, uno de los más bellos ejemplos de arquitectura señorial de la capital, pasó a manos de Luis Ramírez, quien lo alquiló durante años al Casino de Arrecife. Sin embargo, en su testamento lo donó a los Salesianos con el objetivo de que creasen en él un colegio de su congregación, en el que se acogiese a los niños más pobres de la isla, para los que, además, dispuso que se destinaran nada menos que 1.528.418 de pesetas en becas de estudio.
Artículo del periódico Antena

Este deseo no fue llevado a cabo, por lo que el edificio pasó a subasta y fue finalmente adquirido por el Ayuntamiento de Arrecife, quien lo destinó a Casa de la Cultura.

Fachada de la Casa de la Cultura Agustín de la Hoz

Otra medida que habla de su generosidad y compromiso con la educación fue la donación que realizó de una gran parte de sus libros a la biblioteca de Arrecife, muchos de los cuales, según parece, desaparecieron en el incendio que sufrió el antiguo Parador de Turismo hace unos años.

Casa modernista de La Caleta

 En la Caleta de Famara sobrevive, agonizante, uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura de nuestra isla: la casa veraniega de don Luis Ramírez.
Lamentable estado de abandono de la única casa
modernista de Lanzarote
Se trata de un pequeño edificio de dos plantas, una inferior curva y una superior retranqueada, con un arco dividido en dos por un robusto pilar, sobre el que pueden leerse las iniciales de su propietario: LR
La decoración de la fachada es un despliegue de motivos marinos: delfines, pulpos, caracolas y burgados de formas sinuosas recorren el espacio curvo de la fachada, en una mezcla de ingenuidad y elegancia que hacen las delicias de cualquier paseante. Precisamente estos motivos marinos (especialmente el pulpo) y el predominio de la curva, nos hablan de la influencia del art nouveau o modernista, que tanto éxito había tenido en Europa, especialmente en la Barcelona de Gaudí. Luis Ramírez, afamado viajero y enamorado del arte y la cultura, quiso recrear en su casa veraniega esos sofisticados aires europeos, regalándonos de este modo esta joyita arquitectónica, único ejemplo modernista de la isla. 
En una de las paredes interiores construyó un nicho para enterrar a su perra Florinda, homenajeada en una pequeña lápida que rezaba: Aquí yace Florinda, la mejor amiga del hombre, demostrando, nuevamente, una enorme sensibilidad. 
Una de las personas que lo conoció, José Ferrer Perdomo (propietario del museo Tanit), me informó acerca del cariño y la admiración que sentían los niños hacia Luis Ramírez, pues, entre otras cosas, daba un peseta a todo aquel chiquillo que le llevara un cesto lleno de papas crías, lapas, burgados o huevas de erizos, alimentos predilectos del mecenas. 
Desgraciadamente, este inmueble, que fue donado por su propietario a la Iglesia, muere lentamente, atacado por el efecto de la maresía y por el aún más feroz efecto del olvido, a la espera de que algún espíritu sensible como el de aquél que la construyó lo rescate y lo haga lucir de nuevo en todo su esplendor.
Detalle del estado original de la fachada. Pueden
observarse los motivos marinos: pulpo, delfines,
caracolas, etc., así como las iniciales LR entrelazadas
en la parte superior. Imagen del Archivo Histórico
de Teguise

Luis Ramírez falleció en Barcelona en 1950, parece que cuando se dirigía a Roma para encontrarse con el Papa. Sus restos reposan hoy en un bellísimo monumento funerario del antiguo cementerio de La Villa. Aunque su legado está presente en múltiples espacios de la isla, quizá no haya recibido aún el reconocimiento que merece un personaje que, por sus características, hoy más que nunca, cualquier pueblo soñaría con tener.
Monumento funerario de Luis Ramírez en el antiguo Cementerio de Teguise.
La pirámide como referencia simbólica masónica al mundo de la muerte
FUENTES:
Artículo sobre Luis Ramírez del Archivo Histórico de Teguise
- Información oral de José Ferrer Perdomo.
- CLAR FERNÁNDEZ, José Manuel: Arquitectura militar de Lanzarote, Centro de la Cultura Popular Canaria y Cabildo de Lanzarote, 2007.
-HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, José y ARMAS MELIÁN, Rafael: 'Historia del Ayuntamiento de San Bartolomé. Doscientos años de alcaldes', en XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura, tomo I, Cabildo Insular de Lanzarote y Cabildo Insular de Fuerteventura, Arrecife, 2008.
- INZA, Carlos: "El gran filántropo desconocido", en Canarias 7, 20/08/20120, p. 28.
- PERERA BETANCORT, Francisca María y DÍAZ BETHENCOURT, José: "Los animales en el Patrimonio Histórico Artístico de propiedad eclesiástica de Lanzarote", XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura. Tomo II, Cabildo Insular de Lanzarote y Cabildo Insular de Fuerteventura, 2008.
- Antena, 28/09/1954, p. 7.
- TOPHAM, Guillermo: "Los salesianos piensan fundar una Escuela Elemental de Aprendices", Antena, 02/06/1953, pp. 1 y 7.
- "Agustín de la Hoz, una Casa para la Cultura", La Voz de Lanzarote, 03/05/ 1997, p. 16.
- TABAR, María José: "Lagrimeo modernista en La Caleta", en Diario de Lanzarote, 31/12/2012.
- Guía del Conjunto Histórico de Teguise, Ayuntamiento de Teguise, 2007.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Los taros, una joya de nuestro patrimonio etnográfico

En nuestros paseos por los siempre sorprendentes campos de Lanzarote a menudo nos vemos recompensados con la visión de unas estructuras de piedras de un fuerte carácter megalítico. En ocasiones pasan desapercibidas y sólo se hacen visibles cuando pasamos junto a ellas, pues se encuentran absolutamente mimetizadas con el lugar donde se erigen.

Taro en las inmediaciones del Volcán de La Corona.
Fotografía tomada de pixcelarte.com

Hablamos de los "taros", "refugios" o "chozas", términos con frecuencia empleados como sinónimos para designar uno de los elementos más característicos y bellos de nuestro patrimonio etnográfico. Se trata de estructuras de piedra, normalmente seca,  sin argamasa de ningún tipo (aunque algunas, las más desarrolladas, tienen barro y paja en su interior), de planta circular o cuadrangular,  que se encuentran en zonas agrícolas o ganaderas. Pueden hallarse exentas, como un pequeño edificio, o bien adosadas a una pared, o incluso insertas en las paredes que delimitan los terrenos, para así no perder espacio de suelo productivo.
Taro o choza adosada a los abrigos de los frutales en la Vega Grande de Ye
Sus techos, la mayor parte de las veces, están formados por aproximación de hiladas, en lo que se conoce como "falsa cúpula" o "falsa bóveda", sobre las que, en ocasiones, se colocan piedras de pequeño tamaño. Su entrada es siempre pequeña, para proteger contra las inclemencias del tiempo, y evitar el acceso a los animales. La "puerta" suele presentar una estructura adintelada, con una laja de grandes dimensiones como elemento horizontal, existiendo algún caso de acceso con forma de arco.
Taro de cubierta cónica en las inmediaciones del volcán de La Corona.
 "El que es amañao hace una choza con su cucurucho"
(palabras de Dorina Torres, vecina de Máguez, recogida en el libro
"La cultura del agua"). Fotografía de Alexis Arteta
Las funciones de estas construcciones entre los agricultores y pastores eran múltiples:
a) Por un lado, servían de protección contra el sol, el viento, la lluvia o el granizo. En el caso de los agricultores, si la finca estaba lejos de sus casas y las labores tomaban mucho tiempo, podían pasar la noche en ellos.

b) Por otro lado, ejercían funciones de almacenamiento de los aperos de labranza y la cosecha que se iba recogiendo, así como de los alimentos y el agua llevados para sobrellevar la dura jornada de trabajo.

c) Este tipo de estructuras también han sido utilizadas, desde tiempos remotos, como torres de vigilancia, como es el caso del "taro" que se encuentra en las faldas del Volcán de La Corona, en el barrio de El Tefío, en Ye, cuya finalidad era evitar que el ganado se metiera en las fincas.
Taro con función de vigilancia en Ye

d) Por último, otra acepción de la palabra "taro" es aquella que hace referencia a las construcciones anexas o cercanas a las viviendas que eran usadas a modo de neveras, para secar los quesos o el pescado, o bien para almacenar cereales.

POSIBLE HERENCIA PREHISPÁNICA

Para algunos historiadores, como el arqueólogo José de León, el sistema constructivo que presentan los taros podría ser una clara herencia de los majos, población existente antes de la Conquista.
La falta de madera en la isla habría determinado la necesidad de realizar cerramientos con piedras, y, para ello, la forma más sencilla es la aproximación de hiladas hasta generar una falsa bóveda o falsa cúpula. Sencilla, en el sentido de ofrecer una solución con los materiales existentes, pero muy compleja en su ejecución. No obstante, los majos alcanzaron un gran dominio de esta técnica con la elaboración de las "casas hondas", viviendas semienterradas de planta circular, de una o varias estancias, que sobresalían únicamente unos 80 ó 100 cm por encima del suelo para buscar protección frente a los vientos y la humedad.
Reconstrucción de una casa honda según Santiago Alemán

Este sistema constructivo se habría heredado para la realización de los taros (o chozas) y también para los techos de los aljibes, especialmente los más antiguos.
Aljibe del antiguo pueblo de Santa Margarita (Guatiza)
TAROS DESTACADOS

Ya decíamos al comienzo que, agudizando la vista, es posible encontrar múltiples taros o chozas "decorando" los campos conejeros. No obstante, el topónimo "taro", por cierto, de origen prehispánico según los estudiosos, se ha mantenido en algunas zonas de la isla, destacando dos: el taro de Testeyna y el de Tahíche.
a) El taro de Testeyna

Testeyna era una antigua aldea (posiblemente existente desde época aborigen, a juzgar por su topónimo), que quedó enterrada por la lava y las arenas de las erupciones de Timanfaya. Se encontraría en las inmediaciones de la montaña de su mismo nombre. Los caprichos de la naturaleza hicieron que una de sus construcciones sobreviviese al volcán para presentarse ante nosotros como testimonio de la antigua aldea: un taro, que hoy da nombre a la zona.
Taro de Testeyna

Se trata de un inmueble de planta circular y techumbre abovedada, por aproximación de hiladas, que en la actualidad se presenta semienterrado, si bien, a juzgar por las excavaciones realizadas en el 2001 por el quipo de José de León, no fue así en su origen. Además de su incalculable valor arqueológico, presenta otro interés añadido: según una documentación encontrada por el investigador Jaime Gil, el taro, junto al conjunto de casas que había en la zona, habrían pertenecido a los abuelos del célebre escritor ilustrado José Clavijo y Fajardo, cuya vida, además, inspiró al mismísimo Göethe.

b) El taro de Tahíche

En medio de las coladas volcánicas que, emitidas por el volcán de las Nueces, llegan hasta Arrecife, se encuentra, en el pueblo de Tahíche, un taro que hoy se encuentra semiderruido.
Taro de Tahíche. Reproducido en el libro "Lanzarote. Arquitectura inédita"

Es bien sabido que Manrique, tras regresar de Nueva York e instalarse en Lanzarote, escogió como terreno para su construir su casa precisamente una parte de ese "volcán" (como llamamos en Lanzarote a las coladas), en el cual se encontraban cinco burbujas que posteriormente se transformarían en su vivienda y, desde 1992, sede de su Fundación.
En honor al taro que se encontraban en sus inmediaciones, denominó a su casa "Taro de Tahíche", pues para el artista esa construcción presentaba los mismos valores de refugio y cobijo que él deseaba dar a su hogar.
Taro en Tinache. Fotografía tomada del libro "Tinajo, el lenguaje de la tierra"


Taro en el jable de Mala

Taro adosado a un muro en La Cerca (Guinate)

El progresivo abandono de los campos ha hecho que los taros, refugios o chozas hayan ido perdiendo su uso, mostrándose hoy como un testimonio de incalculable valor etnográfico que debemos proteger y mantener vivo.
FUENTES:
- FARRAY BARRETO, José y MONTELONGO FRANQUIZ, Antonio J.: "Refugios agrícolas, torres de vigilancia y taros en Lanzarote," en X Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura. Tomo II, Cabildo Insular de Lanzarote y Cabildo Insular de Fuerteventura, Arrecife, 2004.
- VV.AA:: La cultura del agua en Lanzarote, Cabildo Insular de Lanzarote, 2006.
- DE LEÓN HERNÁNDEZ, José: Lanzarote bajo el volcán, Cabildo Insular de Lanzarote, Arrecife, 2008.
- GIL LEÓN, Javier, MORENO MEDINA, Claudio y MARTÍN CABRERA, Nicolás: Tinajo, el lenguaje de la tierra, Aderlan, Ayto. de Tinajo, Cabildo de Lanzarote, 2008.
- MANRIQUE, César: Lanzarote. Arquitectura inédita, Cabildo Insular, 1988.
- ALEMÁN, Santiago: Tesoros de la isla, Cabildo de Lanzarote, 2000.
- PERERA BETANCORT, Francisca: Arquitectura tradicional y elementos asociados de Lanzarote, Aderlan, 2009.

lunes, 2 de septiembre de 2013

El desaparecido pueblo de Santa Margarita



Introducción

La historia de Lanzarote siempre estuvo marcada por la lucha contra dos elementos fundamentales: por un lado, una naturaleza hostil y, por otro, y especialmente hasta el siglo XVIII, los peligros llegados desde el mar.
Muchos de los pueblos que hoy configuran nuestra geografía surgieron en una ubicación diferente al emplazamiento que actualmente ocupan. Un buen ejemplo lo tenemos en el pueblo de Mozaga, el cual debió "trasladarse" en primer lugar por las lavas del volcán de Nueces y, en segundo lugar, ya en el siglo XIX, por las tormentas de jable que lo sepultaron. Otro ejemplo menos conocido es el caso de Guatiza.


La primitiva Guatiza

Este pueblo del municipio de Teguise, históricamente célebre por la calidad de sus garbanzos y su cochinilla, no siempre estuvo en el lugar donde se erige hoy, hecho por el que algunos historiadores, como Agustín de la Hoz, hablaban de "Las dos Guatizas": la de Santa Margarita y la del Cristo de las Aguas.

El pueblo original, también llamado "Santa Margarita", se encontraba en las faldas de la montaña de Guenia, muy cerca del actual cementerio. El núcleo principal lo constituía la ermita de Santa Margarita, cuya construcción estaba relacionada con una hermosa leyenda. Según ésta, una anciana de Uga, muy devota de la santa, le había prometido la construcción de una ermita en su honor como agradecimiento por haber cumplido una petición. Cuenta la tradición que la señora había decidido partir con su camello y con una imagen de Santa Margarita y que, allá donde el animal parase, sería el enclave elegido para levantar el pequeño templo. Tras un largo recorrido desde su Uga natal, el camello quedó tuchido, exhausto por el esfuerzo, en las faldas de Guenia, lugar donde, cumpliendo su promesa, la anciana levantó la ermita.

Se trata de una amplia llanura elevada a cuyos pies se extiende una de las vegas más ricas de Lanzarote, y desde donde se divisa la cercana costa. Precisamente este último hecho ponía en peligro a la población, pues las casitas, blanquecinas por el recubrimiento de cal, eran visibles desde el mar.



Vista del espacio donde se ubicó el antiguo pueblo de Santa Margarita. Al fondo, la montaña de Tinamala





Abandono de Santa Margarita y creación de la nueva Guatiza

Entre 1569 y 1586, Lanzarote sufrió tres graves ataques piráticos a cargo de Calafat, Dogalí y Morato Arráez. Este último -corsario argelino-, invadió la isla con el objetivo de vengar las razzias que el señor Agustín de Herrera y Rojas había realizado de manera sistemática durante sus correrías por el norte de África, las cuales habían sido de tal calibre que tres cuartas partes de la población lanzaroteña del siglo XVI era, según Torriani, morisca. La noche del 30 de julio, Arráez y sus hombres desembarcan por Los Ancones y al día siguiente, de manera inesperada, invaden Teguise, pasando en su camino por el pueblo de Santa Margarita, al que arrasan, robando granos y carne seca.
Estos constantes ataques piráticos -de los que nos quedan topónimos como "Puerto moro", en la costa de Guatiza-, mermaban a la población y saqueaban sus bienes, obligando a sus gentes a trasladarse. A lo largo del siglo XVII, los vecinos van abandonando sus viviendas para asentarse al pie de la montaña de Tinamala y Las Calderetas, buscando un refugio que las altas tierras de Santa Margarita, visible desde el mar, no podían ofrecer.



Vista del actual pueblo de Guatiza, al soco de Las Calderetas

Así, poco a poco, va surgiendo la nueva Guatiza. Su iglesia, curiosamente, también está asociada a otra leyenda, esta vez procedente del mar: según cuenta la tradición, tras varios años de fuerte sequía, un pastor encontró en la orilla de la playa la imagen de un Cristo, al que inmediatamente llevó al pueblo. Al cabo de pocos días, comenzó a llover con fuerza y, tras las lluvias, tuvo lugar un año de prósperas cosechas que fue entendido por las gentes del pueblo como un milagro generado por la imagen, por lo que decidieron erigirle una iglesia en su honor: El Cristo de las Aguas.

Estado actual de Santa Margarita

A pesar de que, desde el siglo XVII, el originario pueblo de Guatiza fue paulatinamente abandonado, aún persiste su recuerdo no sólo en la memoria popular, sino también en el terreno, a través de numerosos vestigios.

Cantos con restos de cal, probablemente de antiguas construcciones

La capilla que hoy existe en el interior del cementerio, y que mantiene la advocación de
Santa Margarita, parece que pudo haber sido construida en parte con materiales de la ermita original, la cual, según cuentan los mayores de la zona, se mantuvo en ruinas hasta comienzos del siglo XX. Un cuadro dedicado a la virgen, adscrito a la Escuela flamenca, fue rescatado y colocado en la Iglesia del Cristo de las Aguas.

Capilla de Santa Margarita, en el interior
del Cementerio de Guatiza

Un paseo por los alrededores del cementerio es suficiente para comprender que estas tierras cobijaron en su seno las viviendas de humildes familias. Así, encontramos múltiples estructuras de piedras, probables restos de las primitivas casas, y, especialmente, numerosas aljibes abandonadas con arcos aún firmes de una enorme belleza.

Todos estos elementos, hoy perfectamente integrados en el paisaje, constituyen testimonios mudos de un lejano pasado.




 

Restos de aljibes del antiguo pueblo de Santa Margarita



FUENTES:
- HERNÁNDEZ DELGADO, Francisco: "La historia de Guatiza", en Lancelot, nº 481, 19/09/1992, pp. 40-41.
- Web Guatiza, ayer y hoy
- DE LA HOZ, Agustín: Lanzarote. Obra escogida, Cabildo Insular de Lanzarote, 1944
- DE PAZ SÁNCHEZ, Manuel: La piratería en Canarias, Centro de la Cultura Popular Canaria, Santa Cruz de Tenerife, 2009.

lunes, 22 de julio de 2013

La Ermita de San José


Vista trasera del Cortijo de San José
A escasos dos kilómetros al norte de La Villa de Teguise, y en medio de una de las más ricas vegas agrícolas de Lanzarote, se alzan silenciosas las ruinas de la Ermita de San José. Distinguirlas a lo lejos es una tarea sólo al alcance de las vistas más audaces. El estado de abandono en que se encuentra el conjunto hacen que el barro, la piedra y la cal se mimeticen por completo con el entorno en el que se hallan y se fundan con el paisaje, demostrando de este modo cómo la arquitectura tradicional de Lanzarote está realizada con los materiales que la propia naturaleza le brinda, en una conjunción perfecta donde nada sobra, pero tampoco nada falta.

Probablemente, para muchos el nombre de la "Ermita de San José" resulte absolutamente desconocido, pues incluso si alguno ha pasado a su lado, a buen seguro no habrá imaginado que esas ruinas en su momento pudieron albergar  uno de los edificios religiosos más singulares no sólo de Teguise, sino de toda Lanzarote. Conozcamos entonces su historia...

El Cortijo de San José


Coladera del aljibe

Don Diego de Laguna y Ayala, nacido en Teguise en 1649, fue uno de los personajes más poderosos del Lanzarote de su época, atesorando los cargos de Beneficiado de la Parroquia de Teguise, Vicario de Lanzarote, Comisario del Santo Oficio y Juez del Santo Tribunal de Cruzada. De sus padres heredó el cortijo ubicado en la Vega de San José, una de las más fértiles de toda la isla, como apuntábamos al comienzo.

De la importancia de este conjunto habla por sí sola el aljibe de grandes dimensiones y su espectacular coladera circular, de casi 5 metros de diámetro y de gran belleza, hasta la cual llegaba el agua de la lluvia que bajaba por una canalización realizada en el Lomo Blanco.



Aljibe del Cortijo



Precioso cuadro del pintor lanzaroteño Mario Delgado en el
que se representa el Cortijo de San José

La ermita de San José

Pero, sin duda alguna, el elemento más representativo y destacado de este cortijo fue la ermita que mandó construir el Beneficiado Diego de Laguna en honor al santo que daba nombre a la vega en que se ubica el conjunto: San José.

Se trataba de una capilla privada, de una sola nave, que contaba con dos hornacinas laterales que

albergaban las imágenes de San Isidro y San Agustín. Presidiendo la ermita, en la cabecera, se encontraba el cuadro "Los desposorios de la Virgen", una obra de gran calidad atribuida por el profesor Hernández Perera al círculo del pintor granadino Pedro Atanasio Bocanegra.
"Los desposorios de la Virgen y San José",
hoy en el Museo de Arte Sacro de Teguise

Esta capilla desempeñó un papel fundamental en el culto de la que, desde 1725, fue patrona de la isla: Nuestra Señora de Las Nieves. Aunque desde 1939 las fiestas dedicadas a esta virgen se celebran con una romería hasta su templo -en "La Montaña"-, lo cierto es que esto no siempre fue así. Con anterioridad, el culto consistía en bajar a la Virgen hasta la Iglesia de Guadalupe, en La Villa, cada año, en un principio, y después cada cinco. También era muy frecuente trasladarla a la capital cuando la isla era azotada por plagas de langosta o por severas sequías, pues a ella se encomendaban los lanzaroteños en busca de su intercesión.


Interior de la Ermita de San José en la actualidad

En esta ceremonia la Ermita de San José jugaba un papel fundamental, pues actuaba como punto de encuentro entre las imágenes procedentes de otras dos iglesias cercanas que se unían a la procesión: San Sebastián, del Mojón, y San Leandro, de Teseguite, y, con ellas, los romeros que las acompañaban. En ocasiones pasaban allí la noche y al día siguiente continuaban su camino, en solemne procesión, hasta la Iglesia de Guadalupe, en donde permanecía nueve días antes de volver de nuevo a su templo.

La mayor devoción hacia la Virgen de Los Dolores y las críticas de la Iglesia por considerar que estas bajadas estaban perdiendo su carácter devoto en favor de uno exclusivamente festivo, hicieron que poco a poco se fuese abandonando este culto. De hecho, la Iglesia de Las Nieves llegó a quedar en un estado tan ruinoso que obligó a su demolición y sustitución por un nuevo edificio, diseñado por el arquitecto teguiseño Enrique Spínola en los años sesenta.


Detalle de la fachada de la Ermita. Se puede
observar cómo sus cantos han sido extraídos.

En cuanto a la Ermita de San José, su destino fue mucho más cruel. En la década de los cuarenta, sus propietarios comenzaron a usarla como garaje, lo que provocó la prohibición de celebrar actos religiosos en su interior. Por fortuna, su valioso cuadro fue rescatado por el párroco de Teguise, don Juan Melián, y trasladado a la Ermita de la Veracruz, encontrándose hoy expuesto en el Museo de Arte Sacro de La Villa. En 1951, sin embargo, su techo fue derribado para extraer las valiosas vigas de madera y venderlas, por lo que desde entonces su deterioro fue en aumento hasta convertirse en el montón de piedras y barro que es en la actualidad, siendo, como afirma Francisco Hernández, cronista de Teguise, "el testigo mudo de la historia religiosa de Lanzarote".

FUENTES:
- HERNÁNDEZ DELGADO, Francisco, y RODRÍGUEZ ARMAS, María Dolores: "Nuestra Señora de las Nieves", Archivo Histórico de Teguise.
- HERNÁNDEZ DELGADO, Francisco: "Ermita de San José", Archivo Histórico de Teguise.



 

lunes, 15 de julio de 2013

Caleras de Lanzarote

Introducción


Calera en Janubio
En Lanzarote, al igual que en Fuerteventura, es muy abundante la piedra caliza o caliche, como se denomina popularmente a la roca de aspecto blanquecino rica en carbonato cálcico de la cual se extrae la cal, un producto de primera necesidad en Canarias hasta mediados del siglo pasado. Sus usos eran múltiples, destacando los siguientes:
a) Como mortero: mezclado con arena, actuaba como el cemento y por tanto, junto con el barro y la piedra, constitutía la base de cualquier construcción.
b)  Para el albeado de las viviendas: su empleo como pintura impermeabilizaba las paredes al mismo tiempo que ayudaba a suavizar las temperaturas en el interior de las casas.
c) Como desinfectante: se introducía en los aljibes y maretas para depurar el agua de la lluvia que en ellas se almacenaba.
d) Para evitar epidemias e infecciones, al echarse sobre los cadáveres.
e) Para cauterizar los árboles después de las podas.
Por este motivo, desde muy antiguo fue un producto de exportación y fuente económica de primer orden en Lanzarote, vendiéndose en toda Canarias y Madeira, lo que justifica la existencia de múltiples hornos de cal o caleras por toda la isla, especialmente en las zonas costeras de Janubio, Rubicón, Arrieta y Órzola, pero también en el interior, como el conjunto de caleras de Chimida, en Teguise.




Detalle de la boca de entrada de una
calera de Chimida
Proceso de elaboración
En primer lugar, había que extraer las piedras de caliche de las canteras y fragmentarlas en trozos pequeños. A continuación, desde la boca de la calera se iban introduciendo sucesivamente capas de caliche y de leña o carbón, que caían sobre una parrilla situada en la parte inferior, y entre los cuales debían quedar huecos por los que pudieran pasar las llamas. A este proceso se le denominaba "armar la calera".

El fuego debía alimentarse de manera ininterrumpida durante cuatro o cinco días, pues tenía que alcanzar temperaturas que rondaban los 800-1000 grados centígrados, lo que supone una enorme dureza del trabajo de los caleros, que debían combatir el calor extremo y el humo incesante. Además, este trabajo solía hacerse en verano para evitar posibles lluvias que estropeasen el proceso.

La cal se consideraba en su punto cuando el humo que salía era de color blanco. Una vez obtenido, se retiraba de la parrilla y se apagaba con agua, de ahí que las caleras estén cerca de la costa o bien cuenten con aljibes a su alrededor. Aún son muchos los que recuerdan cómo en sus casas se sancochaban batatas sobre el calor que emitía la cal durante varios días después de sacarse de la calera.

Descripción de las caleras
 


Esquema de una calera. Extraído de Itinerario Las Laderas,
el jable, Mancha Vagal, Guía del profesor, Cabildo de Lanzarote, 1993 
Se trata de construcciones de piedra y barro de diferentes tamaños y formas, pudiendo distinguirse entre las que fueron realizadas con finalidades industriales de aquellas más modestas hechas para levantar una vivienda, aljibe o mareta.

Suelen presentar forma cónica o troncocónica, con una boca inferior de entrada que permitía el acceso al emparrillado de hierro sobre el que se colocaban las piedras de caliche y la leña. A ambos lados de la boca se levantaban muros para asocar y ayudar a mantener el calor.



Calera en Chimida (Teguise)
Por el exterior, una rampa facilitaba el transporte de las piedras hasta la apertura.
A  pesar de que la finalidad de estas construcciones era puramente utilitaria, lo cierto es que la modesta perfección técnica de su estructura y los contrastes cromáticos generados por la mezcla de piedras de basalto y de caliza le confieren una indudable belleza estética.

Caleras
 
Uno de los conjuntos de caleras más espectaculares que se conservan los encontramos en Janubio, en un enclave denominado, por este motivo, "Llano de las caleras", muy próximo a las Salinas. No debemos olvidar que en este lugar estuvo ubicado uno de los puertos más importantes de Lanzarote: el Puerto Real de Janubio, destruido por las erupciones de Timanfaya. Éste fue el principal punto de embarque de cal de la isla.

También otras zonas del sur como Berrugo o Papagayo contaron con numerosas caleras, conservándose algún ejemplo como la de Playa Mujeres.

Otro conjunto de gran belleza lo constituyen las que se encuentran en las faldas de la montaña de Chimida, en las inmediaciones del casco histórico de Teguise, que fueron restauradas hace unos años.

Frente a estas caleras de tipo industrial existen, como decíamos, otras de carácter doméstico y dimensiones mucho menores, construidas en algunos casos entre vecinos para obtener la cal necesaria para la construcción de alguna vivienda o aljibe.



Calera en la Caleta del Aguardiente (La Graciosa)
Las caleras en la actualidad

En la década de los sesenta, la llegada de productos como el cemento o la pintura, así como la instalación de la primera planta desaladora en 1964, hicieron que la industria de la cal fuera decayendo hasta su total desaparición.

El vertiginoso desarrollo económico experimentado en Lanzarote con la llegada del turismo provocó no sólo el abandono de actividades tradicionales, sino también su más absoluto olvido, lo que ha provocado la dramática pérdida de muchos de nuestros elementos patrimoniales. Un claro ejemplo lo constituye la industria de la cal, como lo demuestra la extrañeza que nos causa la observación de las caleras, infraestructuras hoy por hoy totalmente ajenas a nosotros y que muchos somos incapaces de identificar.


Calera en Las Lagunitas (Isla de Lobos)

Afortunadamente, han quedado huellas de esta actividad histórica en el habla popular, con expresiones como fumar como una calera, para hablar de alguien que fuma mucho -en referencia a la cantidad de humo que se desprendía en los hornos- o a cal y canto, para designar algo cerrado herméticamente -en alusión a la capacidad aglutinadora de la cal. El apellido "Calero" también es un recuerdo de este duro oficio.

Por el papel fundamental que jugaron tanto en la economía insular, como producto de exportación, como en la lucha por la supervivencia en su uso doméstico, unido al indudable valor estético que poseen, las caleras constituyen un rico patrimonio que entre todos debemos poner en valor y conservar.


Calera en Tías
 
 
FUENTES:
- RODRÍGUEZ, Julián, MONTELONGO, Antonio J., MEDINA, Marcial y FARRAY, José: "Cal y caleros de Lanzarote", en XI Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote, Tomo II, Cabildo Insular de Fuerteventura y Cabildo Insular de Lanzarote, 2004.
- HERNÁNDEZ DELGADO, Francisco y RODRÍGUEZ ARMAS, María Dolores: "Hornos de cal (caleras) en Lanzarote", en Aguayro, nº 204, Caja Insular de Ahorros, Las Palmas, 1993.