lunes, 10 de marzo de 2014

Chimeneas de Lanzarote

En esta entrada propongo hacer un ejercicio sumamente sano: pasear por nuestros pueblos con la cabeza erguida. Puede que en un principio nos resulte algo incómodo, pero les aseguro que el malestar tiene una rápida y maravillosa recompensa.

La arquitectura tradicional de Lanzarote se caracteriza, como cualquier arquitectura vernácula, por su inteligente sencillez, al presentar una óptima adaptación a los condicionantes climáticos y geográficos, y dar respuesta a las necesidades con una economía de medios basada en la sabiduría popular. El resultado es una arquitectura sin arquitectos, de formas cúbicas y paramentos blanquecinos dotada de una simplicidad y modestia extremadamente bellas.

En este paseo que sugiero, nuestra vista descubrirá, con sorpresa, que la horizontalidad predominante a menudo se ve rota por un elemento vertical: la chimenea. Aunque aparece en todas las islas del archipiélago, lo cierto es que en Lanzarote existe una enorme variedad de tipologías y formas, que no ha pasado desapercibida para los espíritus más sensibles, como el del crítico y escritor Juan Ramírez de Lucas, quien hablaba así de ellas en el libro Arquitectura Inédita:
Portada de Lanzarote. Arquitectura inédita
Una de las características arquitectónicas más inesperadas y singulares de Lanzarote son sus chimeneas. Chimeneas esculturales, desmesuradas, originalísimas, que no tienen parangón en ninguna de las otras islas canarias. De formas caprichosas y variadas, las chimeneas de Lanzarote evidencian la creatividad fecunda de los alarifes populares.
Curiosamente, un elemento eminentemente funcional, cuya misión es servir de salida al humo de la cocina, ayuda a romper la monotonía de la vivienda y adquiere cualidades altamente estéticas dotadas de una gran singularidad.
En las viviendas más humiles podemos encontrar sencillas chimeneas de mampostería de diversos acabados y formas, normalmente de base cuadrangular y remate piramidal o de tendencia circular, a las que, en ocasiones, se les añade madera e, incluso, se rematan con veletas. A este tipo, Santiago Alemán, en su libro Tesoros de la isla, le atribuye una influencia árabe y portuguesa.
Chimenea de mampostería y madera
de una vivienda de Tinajo
Chimenea de mampostería y madera
de una vivienda de Yaiza
Chimenea de mampostería y madera
de una vivienda de Tao
 Por contra, en las casas señoriales de Teguise encontramos los modelos más complejos y de mayor altura; chimeneas que, para Sebastián Jiménez Sánchez (Comisario Provincial de Excavaciones Arqueológicas):
Desde lejos y a la vista del caserío en declive dan idea de torres de fortalezas, de torres de iglesias y de modestas cúpulas de santuarios y palacetes.


Ilustraciones de Victoriano Rodríguez Cabrera que ilustran el artículo de Jiménez Sánchez
Efectivamente, encontramos chimeneas constituidas por la superposición de varios cuerpos de base piramidal, octogonal o circular, que se elevan con majestuosidad sobre las techumbres de las viviendas más señoriales de la antigua capital lanzaroteña, constituyendo un indicativo visual muy elocuente del poder de la familia que las habitaba.
Chimenea de varios cuerpos de una vivienda de Teguise

Chimenea de la Casa del Mayor Guerra (San Bartolomé)
El tercer modelo, en líneas generales, de chimenea que encontramos en la isla es, a su vez, uno de los más fascinantes y de mayor tradición no sólo arquitectónica, sino también literaria: las célebres chimeneas bizantinas, o bulbosas. El primero en hacer célebre esta tipología -y en darle esa denominación- fue el genial escritor tinerfeño Agustín Espinosa, quien, en su Lancelot 28º-7º, hace gala de su desbordante imaginación al atribuirles un hipotético origen bizantino, e incluso ruso:
Todas las chimeneas—las infinitas chimeneas—de Tinajo tienen fórmula cupular idéntica. La gran cúpula bizantina del alto caserón de Juan Cabrera mira desde su atalaya a las chimeneas—a las innumerables chimeneas — de Tinajo, y les impone su marca de fábrica.
Ilustración de Agustín Espinosa en el capítulo "Tinajo y el bizantinismo"

Descartada la influencia bizantina, muchos historiadores proponen una posible influencia morisca, portuguesa o castellana. Otros, como el doctor en Historia del Arte Sebastián Hernández, considera que la apariencia bulbosa se debe a que, sobre la estructura básica de la chimenea, se colocaba la "barriga de las piezas de alfarería locales", otorgando esa característica apariencia curva.

Las cúpulas bizantinas de Lanzarote son el conducto de las humaredas del epicentro
de las cocinas del diablo (César Manrique en Arquitectura Inédita)
Teorías aparte, es indudable el peso que este elemento ha ejercido sobre la arquitectura de la isla, siendo considerado como uno de los elementos vernáculos de mayor importancia. Por este motivo, fue reproducido en los edificios de estilo neocanario realizados durante el franquismo, como ocurre en el Parador Nacional de Turismo, en el cual el arquitecto Marrero Regalado reprodujo dos modelos inspirados en las chimeneas señoriales de Teguise.
De izquierda a derecha, chimeneas de: Teguise, Parador de Turismo y Monumento al Campesino

No obstante, el principal valedor estético de este elemento fue César Manrique. Siguiendo a Espinosa, supo captar la belleza intrínseca de las múltiples chimeneas de la isla, dedicándole a ellas un importante reportaje fotográfico en su libro Arquitectura inédita. Para el Monumento al campesino escogió una de las chimeneas de La Villa, pero, esta vez, con un claro componente lúdico, al reproducirla a una escala descomunal. Chimeneas de toda índole salpican igualmente el Taro de Tahíche.
Chimenea de Haría (izquierda) y Manrique junto a una de las chimeneas del Taro de Tahíche
(fotografía tomada de https://www.facebook.com/cesar.manrique)

Desde entonces, las chimeneas constituyen un elemento de primer orden para cualquier vivienda que desee reproducir el "estilo de Lanzarote", lo que nos habla del arraigo que poseen entre la población insular. Lamentablemente, de manera paralela a esta proliferación de nuevos modelos inspirados en los tradicionales, asistimos con dolor a la progresiva desaparición de los ejemplares auténticos, especialmente de las casas más humildes, cuyas techumbres, ante el estado de abandono en que se encuentran, se desploman sin remedio, desapareciendo con ellas, para siempre, las hermosas chimeneas.
FUENTES:
- ALEMÁN, Santiago: Tesoros de la isla, Cabildo de Lanzarote, 2000. 
- CÁRDENAS Y CHÁVARRI, Javier, et al.: Arquitectura popular rural de Lanzarote, Fundación Diego de Sagredo, 2007.
- ESPINOSA, Agustín: Lancelot 28º-7º, Alfa, 1929.
- HERNÁNDEZ GUTIÉRREZ, A. Sebastián: "Agua y arquitectura tradicional", en La cultura del agua en Lanzarote, Cabildo de Lanzarote, 2006.
- JIMÉNEZ SÁNCHEZ, Sebastián: "Chimeneas de Lanzarote", Falange, 12/11/1950, p. 3.
- MANRIQUE, César: Lanzarote. Arquitectura inédita, Cabildo de Lanzarote, 1988.
- PERERA BETANCORT, Francisca María: Arquitectura tradicional y elementos asociados de Lanzarote, Aderlan, 2009.

martes, 11 de febrero de 2014

Lanzarote y el tránsito a la contemporaneidad: Agustín Espinosa, Pancho Lasso e Ignacio Aldecoa

Crecí asociando los nombres de Agustín Espinosa y Pancho Lasso a centros educativos de la isla, y no fue hasta el quinto curso de carrera cuando, por fin, y en una asignatura optativa, descubrí que la denominación de esos institutos no había sido arbitraria. Con Ignacio Aldecoa me ocurrió algo similar (el colegio de Caleta de Sebo lleva su nombre), pero, en este caso, tuve que esperar a terminar los estudios y comenzar a trabajar para tropezarme con un artículo y averiguar quién se escondía tras ese nombre y apellido. Así funcionamos como sociedad: somos capaces de recordar los nombres de las celebrities o de mediáticos deportistas, pero ignoramos a aquellas personas que dedicaron su vida a enriquecernos como pueblo.

Agustín Espinosa, Pancho Lasso e Ignacio Aldecoa, dos literatos y un artista plástico, cada uno con su particular visión y estilo, constituyen hitos que marcan el tránsito a la contemporaneidad de la isla de Lanzarote y La Graciosa. Partiendo de esta realidad, un equipo formado por los filólogos José Ramón Betancort Mesa y Zebensui Rodríguez Álvarez, la licenciada en Bellas Artes Vanessa Rodríguez González y yo misma, licenciada en Historia del Arte, comenzamos a trabajar con más ilusión y empeño que recursos, con el único y modesto objetivo de divulgar la obra de estos destacados personajes del patrimonio cultural de Lanzarote. En cada una de las reuniones llevadas a cabo durante los largos meses de trabajo, nuestra fascinación hacia estos creadores iba en aumento. No es sólo su obra: su manera de pensar, de ver la isla, y los mensajes que transmiten, a pesar del tiempo transcurrido, continúan siendo extraordinariamente modernos y de vigente actualidad.

Tras este tiempo de duro, pero apasionante trabajo, surgió la exposición que inaugurábamos el pasado 8 de febrero en la Sala de Exposiciones del Charco de San Ginés (Arrecife), y que lleva por título "Lanzarote y el tránsito a la contemporaneidad". En ella dedicamos un espacio a cada uno de estos autores, ilustrándolos con paneles informativos dotados de un tratamiento y una estrategia de comunicación diferenciada, magníficamente diseñados por Vanessa Rodríguez.
 
Paneles de bienvenida a la exposición Lanzarote
y el tránsito a la contemporaneidad: Pancho Lasso, Agustín
Espinosa e Ignacio Aldecoa. Diseño de Vanessa Rodríguez
 

Agustín Espinosa

Aunque aún no ha sido valorado en su justa medida, este escritor tinerfeño es una de las grandes figuras de las vanguardias literarias españolas. Adscrito al Surrealismo, emprendió una lucha por superar el manido regionalismo imperante e introducir la cultura europea.
 
Durante el año que reside en Lanzarote, en el ejercicio de su cargo como Comisario Regio del recién inaugurado Instituto de Segunda Enseñanza de Arrecife, en 1928, escribe Lancelot 28º-7º. Guía integral de una isla atlántica, con seguridad la primera manifestación vanguardista en tener a Lanzarote como protagonista.
 
Portada de la primera edición de Lancelot

Cansado y aburrido, como decíamos, de la visión regionalista, en su propia declaración de intenciones deja claro su objetivo:
 
Lo que yo he buscado realizar, sobre todo, ha sido esto: un mundo poético; una mitología conductora. Mi intención es el de crear un Lanzarote nuevo. Un Lanzarote inventado por mí. Siguiendo la tradición más ancha de la literatura universal.
 
Así, en esta nueva visión mitológica de Lanzarote, Espinosa recurre al homónimo caballero medieval:
 
Diez barcos de Bretaña trajeron la decoración bretona, el traje caballeresco que Lancelot quiso que vistiera su isla: castillos de puentes volantes y soldados defensores con cuerda para 40 días; dragones cósmicos-hoy Montañas del Fuego-que un fuelle colosal mantenía siempre ardientes.

Está Lancelot 28º-7º repleto de recursos tan originales y transgresores como la unión de palabras antagónicas, la yuxtaposición de imágenes o los juegos analógicos. Según sus propias palabras:
 
Sustituyo lo concreto por lo abstracto. El molde, por el módulo. Lo entero, por lo íntegro. El objeto, por su esquema. El sujeto por la esencia. La isla, por su mapa poético. Culto. Construyo la geografía integral de Lanzarote.
 
Los protagonistas de esta novedosa visión insular son la palmera, el viento, el camello o las salinas de Lanzarote, entre otros, tal y como aparecen representados en los paneles de la exposición.
 
Ilustración del libro Lancelot
 
Paneles dedicados a Agustín Espinosa
 
Pancho Lasso

Francisco Lasso Morales, Pancho Lasso, fue el primer y más importante escultor nacido en Lanzarote. Gracias a una beca concedida por el Cabildo Insular, pudo realizar sus estudios en Madrid, ciudad en la que vivió gran parte de su vida.

Tras una primera fase de formación, en la que realiza obras de corte neocubista, muy inspiradas en la escultura ibérica y egipcia, durante los años de la Segunda República participa activamente en La Escuela de Vallecas, uno de los principales movimientos de vanguardia anteriores a la Guerra Civil. Entre la producción de este periodo destaca, muy especialmente, el Monumento a la Internacional, una de las más singulares, y también desconocidas, esculturas del arte español de preguerra.
 
Monumento a la Internacional, Marina de Arrecife. 
Homenaje a todos los Trabajadores del mundo


Tras el conflicto bélico regresa a Lanzarote, donde permanece algunos años, y su lenguaje deriva hacia un realismo de fuerte raigambre popular, pues lo consideraba más fácilmente asimilable por el pueblo, por y para quien siempre trabajó. En la isla ejerce una notable influencia sobre César Manrique, por entonces un joven con vocación artística. Tras regresar a Madrid, la represión del régimen franquista hacia las vanguardias y la tragedia social de la posguerra le sumen en una profunda tristeza, que le lleva a trabajar como sacador de puntos de un imaginero para subsistir, quedando su producción artística muy mermada, hasta que la recupera, en la década de los sesenta, gracias al arte de la medalla,  género con el que alcanza gran reconocimiento.
 
Fragmento de un artículo escrito por Lasso y publicado
en el periódico lanzaroteño Pronósticos en 1946

A pesar de la diversidad de lenguajes y estilos que desarrolló a lo largo de su carrera, la obra de Pancho Lasso es un ejemplo de coherencia artística e ideológica, basada, esencialmente, en la unión de dos principios fundamentales: su compromiso social y su amor hacia su isla natal, fuente inagotable de inspiración.
 
Visión general del espacio dedicado a Pancho Lasso en la exposición
Lanzarote y el tránsito a la contemporaneidad

Aunque es indiscutible el papel ejercido por Pancho Lasso en el contexto artístico del Lanzarote contemporáneo, lo cierto es que las circunstancias históricas, unidas a su propio carácter, sumamente humilde e introvertido, reacio a la exhibición pública, contribuyeron, en gran medida, al desconocimiento de su obra y su figura.
 
 Ignacio Aldecoa

Nacido en Vitoria en 1925, Aldecoa es considerado como uno de los mejores cuentistas españoles de mediados del siglo XX. Dedicado también al periodismo, en 1957 visita por primera vez Lanzarote y La Graciosa para elaborar sendos reportajes para el diario Arriba, los cuales, junto a otros testimonios literarios sobre el archipiélago, dieron lugar a su libro de viajes Cuadernos de godo.

Años más tarde, en 1961, vuelve a La Graciosa, isla que abandona «camino de Madrid», sintiéndose castigado, y «con el Paraíso a barlovento». Fruto de esta estancia en la pequeña isla será la novela Parte de una historia (1967), obra dotada de un importante reflejo personal y consideraciones íntimas que acercan al autor a la narrativa existencialista mediante el tejido fragmentado de una cotidianidad interrumpida por el naufragio de un velero que, pronto, se convertirá en símbolo de su propio zozobrar en un mundo de fantasmas y sentimientos de difícil aprehensión. 
 
Vitrina dedicada a Ignacio Aldecoa, con un ejemplar
de la primera edición de Parte de una historia
 

Sin que llegaran a rodarse nunca sus guiones para las películas Fuego dormido y Cita en Playa Negra, ambientadas en Lanzarote, fallece Aldecoa en pleno proceso creador en 1969, en Madrid, lejos del mar, «esa mi desazón permanente».

En la exposición se rescatan fragmentos de esta enigmática novela dotados de un marcado tono poético, en ocasiones desgarrador, que quedan acentuados por una selección de fotografías que compite en potencia estética, dando como resultado unos paneles de sobrecogedora belleza. Los autores de estas imágenes son Javier Reyes, Nick y Elza Wagner, y Francisco Rojas Fariñas.
 
Espacio dedicado a Ignacio Aldecoa en la exposición
Lanzarote y el tránsito a la contemporaneidad

Fotografía de Francisco Rojas Fariña ilustrando un fragmento de Parte de una historia.
Diseño de Vanessa Rodríguez
 
El fin último que persigue el grupo de trabajo que ha emprendido este proyecto es contribuir a rescatar del olvido a tres personajes tan relevantes como desconocidos del patrimonio cultural contemporáneo de Lanzarote. Para ello, además de esta exposición, realizaremos visitas guiadas y charlas, y emitiremos el documental de Miguel García Morales titulado Aldecoa. La huida al paraíso.
 
Cartel de la exposición con
el programa de actividades paralelas

La exposición puede visitarse en la Sala municipal de Exposiciones del Charco de San Ginés (c/ Emilio Ley s/n, esquina Charco de San Ginés), de lunes a viernes, en horario de 10 a 13 h y de 17 a 20, y sábados de 10 a 14h.
 
Para conocer todas las actividades, puedes consultar el perfil de la exposición en Facebook:
 
 
NOTA: Los textos dedicados a Agustín Espinosa e Ignacio Aldecoa están tomados de sendos trabajos de investigación, aún sin publicar, realizados por José Ramón Betancort Mesa y Zebensui Rodríguez Álvarez.

miércoles, 15 de enero de 2014

El viento, alegoría de Lanzarote

El mural El Viento es una de esas obras que, desde bien chinija, me han cautivado el corazón. Quizá sea porque cada vez que lo observo soy capaz de sentir la furia de ese viento que dificulta con violencia el paso a los campesinos, o quizá por haber estado envuelta desde niña en el paisaje de La Geria, del cual no he podido desprenderme; quizá yo misma no sea ya más que otro hoyo de parra o tronco de higuera...



Mural El Viento. Aula Magna de la Uned de Arrecife (antiguo Parador de Turismo)


A mediados de la década de 1940, ante el tímido pero incipiente despegue turístico de Lanzarote, las autoridades encargan la realización del primer edificio con fines estrictamente turísticos de la isla: el Parador Nacional.
Antiguo Parador de Turismo de Arrecife, actualmente sede de la Uned. En primer
término, escultura del científico lanzaroteño Blas Cabrera Felipe


El encargado de la obra fue el arquitecto tinerfeño José Enrique Marrero Regalado, quien diseñó, siguiendo las pautas estéticas del momento, un edificio en estilo neocanario, con múltiples guiños a la propia arquitectura tradicional de Lanzarote, como las volutas y bolas de la fachada, la chimenea o el horno.
Obsérvense los guiños a la arquitectura tradicional
de Lanzarote: las volutas, inspiradas en la iglesia del
Convento de San Francisco de Teguise, la chimenea,
recuerdo de las existentes en el mismo pueblo, o las
bolas, en referencia al cercano Puente de las Bolas


Para la decoración del bar y del comedor, solicitó a un recién licenciado César Manrique la realización de pinturas murales. Este encargo suponía la primera actuación de peso del artista en su isla, y, para ello, recurrió a la representación de temas vernáculos en un estilo aún figurativo.
Mural La Vendimia. Aula Magna de la Uned (antiguo
Parador de Turismo de Arrecife)

Mural La Pesca. Aula Magna de la Uned (antiguo Parador de Turismo de Arrecife)
Hasta las primeras décadas del siglo XX, la pintura canaria estaba fuertemente asociada a la idea del mito y, por tanto, a la visión de las islas como Jardín de las Hespérides, Campos Elíseos o la Atlántida. Esto se traducía, en el plano artístico, en cuadros de exuberantes paisajes llenos de frutos y personajes felices por vivir en un idílico paraíso. Esta situación comenzó a cambiar con el desarrollo de las vanguardias en Canarias, concretamente con la Escuela Luján Pérez de Las Palmas, y, previamente, con los escritos de Miguel de Unamuno sobre Fuerteventura, cuando empiezan a reivindicar, por primera vez, el paisaje seco de las islas. Como ha expuesto el catedrático Fernando Castro, este grupo de artistas y literatos ponen de manifiesto la idea de la caducidad del mito, al darse cuenta de que Canarias no es un jardín exuberante donde los árboles producen manzanas de oro (...) son islas pobres, donde el polvo del desierto cercano ha ido convirtiendo sus campos en páramos (...). Sus pobladores no son atlantes ni faunos sino humildes aparceros en cuyos rostros, de rasgos africanos, se acusan los estigmas de una explotación secular.
 
Los frutos de la tierra, obra del pintor
gomero José Aguiar, 1927

   
Una primera observación del mural El Viento probablemente nos transmita sensaciones negativas, como sufrimiento o angustia. Esta idea podría resultar antagónica con el propósito para el que fue realizado, y cabría pensar si no habría sido más pertinente, por parte de Manrique, escoger un tema más amable, como hizo en los otros murales que acompañan éste: La pesca o La vendimia. Sin embargo, un análisis más exhaustivo de la obra nos desvela un objetivo mucho más profundo y ambicioso.


 

César pintando el mural. Fotografía tomada del libro César Manrique 1950-1957


El fuerte viento de Lanzarote, presente en gran parte del año, es, en gran medida, el responsable de la fisonomía de la isla. Como podemos observar en esta pintura, desnuda sus viejas montañas; obliga a los agricultores a proteger sus frutales con muros de piedra; reduce y desprovee de vanos su arquitectura, y fuerza al enanismo a sus árboles, de los cuales tan sólo la valiente palmera es capaz de retar su furia.

Otros elementos naturales, como el volcán, condicionan la vida en la isla: las cenizas expulsadas durante las erupciones de Timanfaya dieron lugar a uno de los sistemas de cultivo más originales y genuinos del mundo: la plantación de parras en hoyos.


    Bien quisiera él [el viento] árboles altos, de borrominiano ramaje; palacios de
    balconería fastuosa [...]. Árboles que desnudar violentamente [...]. Pero nada de
    esto tiene. Las higueras de Ye se burlan de sus gritos dramáticos [...]. Palabras
    de Agustín Espinosa dedicadas al viento de Lanzarote, un cazador de retórica,
    en su libro Lancelot 28º-7º
En el mural El viento, por tanto, la esencia de Lanzarote queda representada: la titánica lucha que el campesino lanzaroteño ha llevado a cabo durante siglos contra unas condiciones naturales sumamente hostiles ha dado como resultado un paisaje sobrecogedor y extremadamente bello al mismo tiempo. Belleza en la riqueza cromática de sus tierras, en la austeridad de su arquitectura y su agricultura, y en la rotundidad y robustez de sus campesinos. Belleza, en definitiva, en la comunión del hombre con su medio. Simbiosis perfecta de arte y naturaleza.


Mujer, niño, arquitectura, árboles...todo en Lanzarote se
protege del viento

Robustas piernas ancladas en el rofe como raíces de higueras
Manrique, al igual que Pancho Lasso, Arozarena y tantos otros, fue capaz de ver en la particular naturaleza seca y volcánica de Lanzarote un potencial estético único, con el que sintió una especial comunión desde niño, tal y como dejaba de manifiesto en estas palabras: Ya el haber nacido en esta quemada geología de cenizas, en medio del Atlántico, condiciona a cualquier ser medianamente sensible.

Con esta temprana obra, Manrique quería advertir a todo aquel que visitara la isla que lo que ésta le iba a ofrecer no tenía nada que ver con lo que había visto antes, que iba a descubrir un paisaje lleno de contrastes y de una sobrecogedora belleza no exenta de cierto dramatismo.
Observador privilegiado, uno de sus principales méritos fue el de ser capaz no sólo de ver, sino, sobre todo, de hacer ver y entender, que la naturaleza y el patrimonio de Lanzarote, lejos de ser pobre e insignificante, constituye un atractivo de primer orden que hace de la isla un lugar único en el mundo del que debemos enorgullecernos y cuidar. 
El mural El viento, por tanto, representación alegórica de Lanzarote y reconocimiento a la nunca suficientemente valorada labor del campesino isleño.


FUENTES:
- CASTRO BORREGO, Fernando: Manrique, Biblioteca de Artistas Canarias, Gobierno de Canarias,2009.
- PERERA BETANCORT, Francisca María: "El Parador y el primer parque municipal de Arrecife," IX Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote. Tomo II, Cabildo Insular de Fuerteventura y Cabildo Insular de Lanzarote, 2001.
- VV.AA: César Manrique 1950-1957, Fundación César Manrique, 2006.
-ARTETA VIOTTI, Arminda: "Visiones plásticas y literarias del paisaje Lanzarote en el mundo contemporáneo. Notas para su estudio", XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura. Tomo II, Cabildo Insular de Lanzarote y Cabildo Insular de Fuerteventura, 2008.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Luis Ramírez González, el gran mecenas olvidado

En una época como la que nos ha tocado vivir, donde las noticias sobre recortes en educación y cultura llenan las portadas de la prensa día sí y día también, pensar que una vez pudo existir una persona que, desinteresadamente, dedicara su tiempo y su dinero a conservar y promover el patrimonio y la educación, parece una verdadera quimera. Sin embargo, así fue. Lanzarote tuvo la fortuna de contar, en las primeras décadas del siglo XX, con un personaje tan interesante y peculiar como desconocido: don Luis Ramírez González.

Retrato de juventud de Luis Ramírez. Fotografía
tomada del artículo Historia del Ayuntamiento de
San Bartolomé. Doscientos años de alcaldes
Nacido en San Bartolomé en el seno de una familia pudiente, tuvo la posibilidad de formarse y viajar por la Península y Europa. Posiblemente ligado a la masonería, poseía grandes inquietudes culturales y un carácter singular, no siempre entendido por el pueblo. Entre 1930 y 1931 fue alcalde de San Bartolomé, residiendo en un cortijo de La Florida que aún hoy permanece en pie, aunque rehabilitado como bodega, con un característico drago.
Desde muy joven, sintió un profundo interés por el arte y el patrimonio, tal y como lo describían en la prensa de la época:  Hombre admirable, dotado de la más admirable de las manías: coleccionar cuanto de bello o de mérito artístico, histórico o cultural llega hasta sus manos. No obstante, este interés no era sólo producto de un hedonismo individualista, pues llegó a ser un auténtico filántropo y mecenas, que llevó a cabo un gran número de iniciativas culturales. Veamos algunas de ellas.

Los castillos

En 1925, ante el estado de abandono en que se encontraba el Castillo de Santa Bárbara o Guanapay (que había llegado a ser palomar militar hasta 1913) el Gobernador Militar de Gran Canaria pide un informe al Ayuntamiento de Teguise, solicitando que alguna familia de buena conducta se hiciera cargo de inmueble. Para este cometido fue propuesto, por su amor hacia la historia y el patrimonio de su isla, D. Luis Ramírez González, con la condición de que lo conservara en buen estado, como así lo hizo hasta que, en 1936, pasa al Ministerio de Hacienda. Según me contó en una ocasión un sabio de La Caleta, en este histórico monumento descansan los restos de sus queridos perros Tula y Azabache.
Imagen del Castillo de Guanapay en los años 20.
Fotografía tomada de la Fedac
Viendo con dolor el deplorable estado en que se hallaba el Castillo de Las Coloradas o Torre del Águila, en Playa Blanca, Luis Ramírez solicita, en 1933, su usufructo, para poder contribuir a su conservación. Se dirigía a las autoridades con estas palabras: Amante de la conservación de los pocos monumentos históricos de esta Isla, y  creyendo que el castillo del Águila en la misma (...) no tiene persona que vele  por su conservación y cuidado, espera merecer de V.E. se le dé en usufructo  dicha fortaleza (...). Lamentablemente, esta petición fue rechazada.

Museo en La Villa

En la década de 1920, proyecta instalar un museo de antigüedades dedicado a Agustín de Herrera, Marqués de Lanzarote, sobre una antigua casona de Teguise del siglo XVIII, prácticamente en ruinas. El escudo, donde pueden verse las iniciales AH y MS, fue realizado por el escultor Pancho Lasso.

Detalle del marco de la puerta del Palacio del Marqués de Herrera (Teguise)
y su escudo, realizado por Pancho Lasso
Por diversos motivos, las obras quedaron paralizadas, retomándose el proyecto en la década de 1940. Antes de morir, lo donó al Cabildo para que pudiera materializarse su sueño; sin embargo, esto nunca ocurrió, y en la actualidad constituye una de las sedes del ayuntamiento de Teguise.

En este mismo pueblo contribuyó, con su propio patrimonio, a embellecer la plaza de San Miguel con una fuente y bancos realizados en piedra de Arucas, que aún hoy pueden verse, y también promovió la plantación de árboles. En 1946 puso en marcha, junto a Lorenzo Betancort, la celebración de una exposición de arte sacro, y dotó a diversas iglesias de la isla de lujosos objetos de arte, pues era un hombre profundamente religioso.

Casa de la Cultura de Arrecife

Este impresionante inmueble del siglo XIX, uno de los más bellos ejemplos de arquitectura señorial de la capital, pasó a manos de Luis Ramírez, quien lo alquiló durante años al Casino de Arrecife. Sin embargo, en su testamento lo donó a los Salesianos con el objetivo de que creasen en él un colegio de su congregación, en el que se acogiese a los niños más pobres de la isla, para los que, además, dispuso que se destinaran nada menos que 1.528.418 de pesetas en becas de estudio.
Artículo del periódico Antena

Este deseo no fue llevado a cabo, por lo que el edificio pasó a subasta y fue finalmente adquirido por el Ayuntamiento de Arrecife, quien lo destinó a Casa de la Cultura.

Fachada de la Casa de la Cultura Agustín de la Hoz

Otra medida que habla de su generosidad y compromiso con la educación fue la donación que realizó de una gran parte de sus libros a la biblioteca de Arrecife, muchos de los cuales, según parece, desaparecieron en el incendio que sufrió el antiguo Parador de Turismo hace unos años.

Casa modernista de La Caleta

 En la Caleta de Famara sobrevive, agonizante, uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura de nuestra isla: la casa veraniega de don Luis Ramírez.
Lamentable estado de abandono de la única casa
modernista de Lanzarote
Se trata de un pequeño edificio de dos plantas, una inferior curva y una superior retranqueada, con un arco dividido en dos por un robusto pilar, sobre el que pueden leerse las iniciales de su propietario: LR
La decoración de la fachada es un despliegue de motivos marinos: delfines, pulpos, caracolas y burgados de formas sinuosas recorren el espacio curvo de la fachada, en una mezcla de ingenuidad y elegancia que hacen las delicias de cualquier paseante. Precisamente estos motivos marinos (especialmente el pulpo) y el predominio de la curva, nos hablan de la influencia del art nouveau o modernista, que tanto éxito había tenido en Europa, especialmente en la Barcelona de Gaudí. Luis Ramírez, afamado viajero y enamorado del arte y la cultura, quiso recrear en su casa veraniega esos sofisticados aires europeos, regalándonos de este modo esta joyita arquitectónica, único ejemplo modernista de la isla. 
En una de las paredes interiores construyó un nicho para enterrar a su perra Florinda, homenajeada en una pequeña lápida que rezaba: Aquí yace Florinda, la mejor amiga del hombre, demostrando, nuevamente, una enorme sensibilidad. 
Una de las personas que lo conoció, José Ferrer Perdomo (propietario del museo Tanit), me informó acerca del cariño y la admiración que sentían los niños hacia Luis Ramírez, pues, entre otras cosas, daba un peseta a todo aquel chiquillo que le llevara un cesto lleno de papas crías, lapas, burgados o huevas de erizos, alimentos predilectos del mecenas. 
Desgraciadamente, este inmueble, que fue donado por su propietario a la Iglesia, muere lentamente, atacado por el efecto de la maresía y por el aún más feroz efecto del olvido, a la espera de que algún espíritu sensible como el de aquél que la construyó lo rescate y lo haga lucir de nuevo en todo su esplendor.
Detalle del estado original de la fachada. Pueden
observarse los motivos marinos: pulpo, delfines,
caracolas, etc., así como las iniciales LR entrelazadas
en la parte superior. Imagen del Archivo Histórico
de Teguise

Luis Ramírez falleció en Barcelona en 1950, parece que cuando se dirigía a Roma para encontrarse con el Papa. Sus restos reposan hoy en un bellísimo monumento funerario del antiguo cementerio de La Villa. Aunque su legado está presente en múltiples espacios de la isla, quizá no haya recibido aún el reconocimiento que merece un personaje que, por sus características, hoy más que nunca, cualquier pueblo soñaría con tener.
Monumento funerario de Luis Ramírez en el antiguo Cementerio de Teguise.
La pirámide como referencia simbólica masónica al mundo de la muerte
FUENTES:
Artículo sobre Luis Ramírez del Archivo Histórico de Teguise
- Información oral de José Ferrer Perdomo.
- CLAR FERNÁNDEZ, José Manuel: Arquitectura militar de Lanzarote, Centro de la Cultura Popular Canaria y Cabildo de Lanzarote, 2007.
-HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, José y ARMAS MELIÁN, Rafael: 'Historia del Ayuntamiento de San Bartolomé. Doscientos años de alcaldes', en XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura, tomo I, Cabildo Insular de Lanzarote y Cabildo Insular de Fuerteventura, Arrecife, 2008.
- INZA, Carlos: "El gran filántropo desconocido", en Canarias 7, 20/08/20120, p. 28.
- PERERA BETANCORT, Francisca María y DÍAZ BETHENCOURT, José: "Los animales en el Patrimonio Histórico Artístico de propiedad eclesiástica de Lanzarote", XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura. Tomo II, Cabildo Insular de Lanzarote y Cabildo Insular de Fuerteventura, 2008.
- Antena, 28/09/1954, p. 7.
- TOPHAM, Guillermo: "Los salesianos piensan fundar una Escuela Elemental de Aprendices", Antena, 02/06/1953, pp. 1 y 7.
- "Agustín de la Hoz, una Casa para la Cultura", La Voz de Lanzarote, 03/05/ 1997, p. 16.
- TABAR, María José: "Lagrimeo modernista en La Caleta", en Diario de Lanzarote, 31/12/2012.
- Guía del Conjunto Histórico de Teguise, Ayuntamiento de Teguise, 2007.

jueves, 17 de octubre de 2013

Víctor Fernández Gopar, el sabio salinero

Víctor Fernández Gopar, popularmente conocido como "El salinero", es uno de los personajes más fascinantes y sorprendentes que ha dado la isla de Lanzarote.

Nacido en el humilde pueblo sureño de Las Breñas en 1844, pasó su infancia y adolescencia como pastor. Las duras condiciones de substistencia y la inexistencia de colegios cercanos le impidieron asistir a la escuela, pero ello no le hizo renunciar a sus deseos de aprender. Por este motivo, comienza a acudir al pueblo de Femés para recibir lecciones del cura Domingo Casadesus y del vecino Juan Estévez. En poco tiempo adquiere conocimientos básicos de lectura y escritura, un patrimonio al alcance de muy pocos en ese entonces.

Víctor Fernández destacó, por encima de todo, en dos facetas fundamentales: como salinero y como poeta. Veamos cada una de ellas.

Salinas de Janubio


 En 1895 las familias Lleó y Cerdeña comenzaron a construir en la zona de Janubio unas salinas que, en un primer momento, fueron llamadas "La sociedad", y que, más tarde, pasaron a ser propiedad de Pedro Cerdeña en exclusiva.
"Se me quedó la boca blanca y dulce. Blanca de tu leche
de cristal. Dulce, de tu sal demasiado blanca" (Agustín
Espinosa en Lancelot 28º 7º)

Se encuentran sobre el antiguo Puerto de Janubio, el más importante del sur de Lanzarote, que quedó cerrado y destruido por las coladas de la erupción de Timanfaya. La hondonada de barro y el lago constituían el lugar idóneo para la construcción de unas salinas que, como decimos, comenzaron a construirse en 1895 y fueron creciendo hasta 1945, alcanzando un total de 440.000 metros cuadrados y una producción de diez mil toneladas, de las cuales hoy apenas se produce un 20%. Fueron, sin lugar a dudas, las salinas más grandes e importantes de toda Canarias, y uno de los ingenios salineros más destacados a nivel mundial.

A los pocos años de su construcción, el joven Víctor Fernández Gopar solicita trabajo a Pedro Cerdeña, el cual lo acepta, llegando en poco tiempo a convertirse en encargado. Las salinas de Janubio responden al sistema constructivo de "salinas nuevas de barro con forro de piedra", el cual consiste, básicamente, en aprovechar la inclinación del terreno para tomar el agua del lago y, por medio de los molinos, subirla por un caño hasta los cocederos (receptáculos grandes) y de allí, por gravedad, bajarla hasta los tajos (receptáculos pequeños), donde termina de cristalizarse. Los abrigos de piedra, inspirados en la agricultura insular, ayudan a concentrar el calor y agilizar la evaporación del agua.

Tajos en estado de abandono
Para evitar la pérdida de líquido en esos cocederos y tajos de suelo de barro, a Víctor Fernández se le ocurrió la ingeniosa idea de mezclar la arcilla con la salmuera, lo que aumenta la impermeabilidad y evita que el agua se pierda. Este sistema constructivo fue exportado hacia el resto de las salinas de Lanzarote (con excepción de las del Río,  muy anteriores) y también hacia las otras islas, con lo que queda de manifiesto la importante labor que desarrolló como salinero.
Poeta

No obstante, Víctor Fernández Gopar destacó, por encima de todo, por su faceta como poeta, siendo un excelente improvisador. Si bien él mismo nunca se consideró como tal, lo cierto es que sus coplas se cantaban en parrandas de cantinas y ventorrillos, transmitiéndose de generación en generación. Así se definía a sí mismo:

Si alguien por conocerme
tuviere empeño,
preguntar por un viejo
feo y pequeño.
Pobre que representa
poca importancia,
desacertado en todo
por ignorancia.

Afortunadamente, gracias a los básicos conocimientos de escritura que adquirió, apuntó muchas de sus coplas en una libreta que entregó a un amigo antes de morir, y que, en los años setenta, fueron recogidas por Agustín de la Hoz y recitadas y cantadas por el gran folklorista Antonio Corujo, declarado admiardor suyo, que en 1990 le dedicó un libro bajo el título "Un hombre, una isla, un mundo". En el prólogo, Francisco Tarajano Pérez lo define como "Un hombre sin ilustres letras en la cabeza, sin dorada pluma en la mano, pero rico en ideas, en saber y en filosofía popular". En este link se puede descargar el disco con las coplas recitadas por  Corujo: Centro de Documentación de Canarias y América
Portada del libro de Agustín de la Hoz
Portada del libro homenaje de Antonio Corujo a Víctor Fernández
  
Sus coplas están dotadas de una gran sencillez y una enorme coherencia ideológica. En ellas no sólo plasma sus sentimientos y reflexiones personales, sino que se muestra como un crítico y mordaz observador de la realidad que lo envuelve, denunciando los abusos a los que estaba sometido el pueblo en un Lanzarote dominado por el caciquismo. Veamos algunos de ellos (extraídos de la recopilación de Agustín de la Hoz).
Con estos versos expresaba la necesidad que sentía de comunicar sus pensamientos y sentimientos:

Debiera estar callado,
pero la lengua
lo que no ha pronunciado
lo tiene a mengua.
Con su desaliñado
pronunciamiento
descubre secretos
del pensamiento.
Y es tan canalla
que aunque sean defectos
no se los calla.
Yo quiero que se calle,
pero lo siento,
porque si ella se calla
yo me reviento.
El analfabetismo del Lanzarote rural y pobre de finales del XIX y comienzos del XX, era atroz. El Salinero, que siempre se lamentó por este hecho, contra el que luchó con todas sus fuerzas, lo denuncia con estos versos:
Porque no les enseñan,
no han aprendido,
pero hay muchos que tienen
común sentido.
Varios que en los colegios
mucho estudiaron,
nada de los estudios
le aprovecharon.
Y algunos han salido
de Bachilleres,
pero nunca han cumplido
con sus deberes.
La diferencia entre ricos y pobres no sólo era evidente sino, en muchos casos, descarada, y así lo expresaba con estos ácidos versos:
Yo he sido jornalero
toda mi vida
y hay día que no alcanzo
ni la comida.
Y otros visten de gala
y buenos caballos,
pero nunca en sus manos
se han visto callos.
Casi siempre metiendo
 dinero en caja,
manejando los frutos
del que trabaja.
Y aquí una lección de civismo que firmaría cualquier ciudadano activista del siglo XXI:

Si cada cual obrara
como debiera,
estarían los pueblos
de otra manera.
A cada pueblo deben
sus habitantes
proponerle las cosas
más importantes.
El buen Juez y el Alcalde,
Cura y Maestro,
y Médico, que sean
para bien nuestro.
Deben los electores
pensar primero
a cargo de quien ponerse
el pueblo entero.
Gracias a la escasa formación que pudo recibir, consiguió llegar a representar a su pueblo de Yaiza como concejal. Por tanto, conocía a la perfección el funcionamiento de las instituciones, de ahí las reflexiones que realiza sobre la política: 
Si yo tengo de Alcalde
a mi medianero,
resulta en la Alcaldía
lo que yo quiero.
Si el Secretario he sido
yo quien lo ha puesto,
se escribe lo que sea
por mí dispuesto.
Y si los de la Junta
viven conmigo,
se hacen los repartos
como yo digo.
No habrá quien diga nada,
callan el pico,
respetando las barbas
del hombre rico.
Porque si no se cumplen
bien mis deseos,
saldrán a poco tiempo
de sus empleos.
Y resulta perdido
todo el trabajo,
porque cuanto ellos hagan
yo lo echo abajo.
Por otro lado, apelaba a sus vecinos a la lucha por sus derechos:
Pedir nuestro derechos
sin cobardía,
que los pobres somos muchos
y hay mayoría.
Los que viven pensando
pasan por buenos,
pero están engañando
al que sabe menos.
Yo de eso no sé nada,
pero discurro
que la carga pesada
la lleva el burro.
Testigo de las injusticias que la Iglesia cometía sobre los más desfavorecidos, a ella le dedicó algunas de sus más duras críticas: 
¿Cómo no han de salvarse
las criaturas
que están toda la vida
pagando a curas?
¿Y que dejan dinero,
si lo tuvieren,
para seguir pagando
después que mueren?
¿Cómo ha de ser cierto
que se condenen
los pobres que no pagan
porque no tienen?
Si dejaras dinero
mucho figuras,
y vendrán a cantarte
dos o tres curas.
Pero si eres un pobre
no hay quien te cante,
te pondrán tierra encima:
es lo bastante.
Hemos de morir todos
cuando Dios mande,
y al rico le acompañan
con la Cruz grande.
Y cuando muere un pobre
no sé qué se indica,
que no sale la grande
sino la chica.
Y si es muy pobrecito
nadie extrañe
no haber una crucita
que le acompañe.
Que se ha visto
que para el pobrecito
no hay Cruz de Cristo.

Considerado no sólo un poeta, sino un auténtico filósofo del pueblo, las coplas de Víctor Fernández Gopar denuncian unos hechos que, lamentablemente, en parte continúan aún vigentes, un siglo después. Su figura y su mensaje han traspasado fronteras espaciales y temporales, constituyendo un ejemplo paradigmático de superación, compromiso y dignidad.
FUENTES:
- DE LA HOZ, Agustín: Coplas de Víctor Fernández, Cabildo Insular de Lanzarote, 1977. Puede consultarse online en Memoria digital de Lanzarote
-CORUJO TEJERA, Antonio: Víctor Fernández Gopar. Un hombre, una isla, Un mundo, Ayuntamiento de Yaiza, 1990. Puede consultarse online en Centro de Documentación de Canarias y América
- LUENGO, Alberto y MARÍN, Cipriano: El jardín de la sal, Unesco, Mab, Gobierno de Canarias, Cabildos Insulares, 1994.
- BETANCORT, Fernando: "Recordando a Víctor Fernández, "el salinero"", Lancelot, 31/08/1985, p. 22.
- BORGES, Vicente: "Un poeta de Lanzarote (Víctor Fernández). Pastor, salinero y crítico", en Antena, Arrecife, 27/03/1962, p. 3.
- J.M.P.: "Existe realmente una música canaria?", en El Eco de Canarias, 30/11/1978, p. 14.